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Destacados, Discos

Ondas del Espacio Exterior 2008 (Lo mejor del año de ahí fuera)

13 Comments 08 January 2009

Los mejores disco internacionales de 2008 (o así)

25. Grand Archives

Volvemos a lo de siempre: uno de los grandes caballos de batalla de la crítica especializada (casi diría que uno de sus prejuicios más tópicos) es que del rock blando no pueden salir grandes discos ni grandes canciones.

Hace tres de años, parecía que eso iba a cambiar. Llegó gente como los Magic Numbers y reivindicaron una visión blandengue del pop y vencieron por KO. Cuando hay canciones, da igual que existan o no los riesgos, que suene muy radiofórmula o que hay hasta cierto punto un tono predecible en los discos.

Al debut de Grand Archives se le pueden sacar tantos defectos como se quieran. Pero yo, cada vez que lo oigo, no puedo dejar de pensar en esa frase que cierto crítico que no recuerdo dedicó al debut de R.E.M. y que venía a decir que los ángeles estarían en el cielo tocando con Rickenbackers estas canciones. En el primer disco de Grand Archives hay también mucho de celestial y de guitarras de doce cuerdas.

24. Boy Omega – Hope On The Horizon

Mi cuota de oscurantismo 80’s a lo The Cure+épica Arcade Fire. Un disco circular sobre que te rompan el corazón, estar jodido y volver a ver la luz. Esperanza en el horizonte y unos cuantos himnos con el corazón en la mano. La voz de Robert Smith, los momentos más folk de otro Smith, Elliot, (también dejes de su entonación) y la intensidad con la que Bright Eyes suelen vestir sus canciones se dan cita en Hope On The Horizon para dar vida a un disco conmovedor, dramático y varias veces al límite de lo excesivo, que curiosamente empieza negando, en su primera canción (la muy Arcade Fire A Quest For Fire) su propia razón de ser: “No hope on the horizon”, canta Gustafsson nada más comenzar el disco. Las doce canciones del álbum son el paseo por la tristeza que obliga al cantautor sueco a darse cuenta de que no importa cuántas veces te rompan el corazón, porque siempre habrá un nuevo amanecer.

Hope On The Horizon quizás no sea un disco que cambie nada, pero sí es uno de esos que escasean: bonito, conmovedor y, finalmente, muy importante en el día a día. De ésos en los que te apoyas durante una época detu vida y luego los recuerdas con una sonrisa triste.

23. Stereolab – Chemical Chords

Diez discos y casi dos décadas pueden dar para muchos sentimientos, incluso la apatía. Y así parecía que se habían recibido las últimas obras del grupo liderado por Tim Gane y Laetitia Sadier. Ni siquiera el hermoso Margerine Eclipse sirvió para cambiar la dinámica. Parecía como si todo el mundo (crítico, sobre todo), después de elevar a los altares a Emperor Tomato Ketchup, hubiese decidido cerrar el grifo de las alabanzas.

Pues bien, es la hora de revisar prejuicios, porque Chemical Chords es un discazo con el que Stereolab vuelven a colocarse entre lo más alto de las bandas actuales. una obra así debe ser carne de lista de “Lo mejor del año”.

Hay razones suficientes para creer en lo que digo. Curiosamente, la resurrección del talento de la banda (o mejor dicho, una nueva eclosión de él, pues nunca había estado muerto del todo) viene del disco más involuntariamente pop de su trayectoria.

Me explico: el grupo quiso que Chemical Chords sirviese para investigar en el ritmo. Gane y los suyos entraron al estudio con poco más que unos cuantos ritmos pregrabados. A partir de ellos, decidieron componer las canciones. Y, curiosamente, pese a estar basadas en el ritmo, vuelven a brotar de ellas los estribillos, los ganchos a los que el oyente puede agarrarse.

22. Times New Viking – Rip It Off

De cómo el raca-raca volvió a ser ruidoso. Entrañables por lo absolutamente amateur de su propuesta, Times New Viking se empeñaron en negarse a hacer los hits indies de la temporada al bañarlos en ácido de feedback.

¿Entonces qué? ¿A qué se dedican en Rip It Off, su último disco largo? ¿Son noise-pop? Pues sí y no: es indudable que tienen gancho para hacer melodías. Lo que pasa es que éstas están tan sepultadas bajo la única capa de ruido que no siempre se acierta a encontrarlas. ¿Pero hay estribillos? Sí y no también: los hay aunque Times New Viking no sean un grupo de ellos, sino de frases repetidas una y otra vez, que es a lo que se engancha el oyente.

Entonces, ¿son un grupo amateur de punk con tendencia al pop? Que no, que no, que lo que son es un grupo de los 90. Puro y duro lo-fi noventero. Tienen imaginación y la saben plasmar bien en sus canciones. Y, es más, si decidieran grabarlas en un buen estudio, con muchos medios, sonarían a oro puro. Pero Times New Viking ya no serian tan guays: porque, de vez en cuando, en la música el medio también es el mensaje. Y el medio de Adam Elliot, Beth Murphy y Jared Phillips es el ruido.

21. The Lodger – Life is Sweet

¿Alguien se acuerda del “sonido de la joven Escocia”? El indie no existía como invento mediático (ni tampoco como opción real), pero Postcard Records enseñaba el camino a quien quisiera seguirlo. Guitarras titilantes, voces de ensueño, pop, pop, pop…

¿Alguien se acuerda o sólo miramos ya a hace cinco, diez años atrás? ¿Nos creemos que todo viene de Belle & Sebastian, incluso aquello en lo que los de Stuart Murdoch no han brillado?

The Lodger se acuerdan. Si en su primer disco, el fabuloso Grown-ups, se miraban en el raca-raca de los Wedding Present iniciales, ahora se van unos cuantos años más atrás. O sea, que levantan el pie del pedal de distorsión y traen de nuevo a la palestra a Orange Juice, grupo reivindicado del año sin que nadie los cite (veáse también Vampire Weekend). Digo yo que ya va siendo hora de que ellos también ganen dinero con sus canciones maravillosas. Y de que todos los que aún no les conocen se hagan fans. Me cansa un poco eso de que algunos de mis grupos favoritos sean tan pequeños.

Life is Sweet es un disco tan cristalino en mensaje, sonido e intenciones que hace honor al título en cada segundo que pasa. La vida es dulce, la música de The Lodger también y en poquito rato te enamoran con uno de los discos del año.

20. South San Gabriel / Centro-matic – Dual Hawks

Además de respirar ética por su trabajo y odio a la pereza (Will Johnson siempre hace de su oficio de escribir canciones una tarea diaria, de sol a sol, no para los ratos libres: lleva doce años sacando un disco por año), la salud y la chispa de sus canciones se mantienen aún sin tacha.

Como en anteriores discos, Centro-Matic se centran en lo que mejor saben hacer: indie-rock mezclado con country y folk y tensado gracias a unas guitarras espectaculares y una voz que te llega hondo. ‘I, Kite’ sería uno de sus momentos más emotivos en este disco; ‘Strychnine, Breathless Ways’, la habitual dosis para que no echemos de menos a los Replacements; y hay momentos más clásicos (‘Twenty-Four’ debería encantarte si los Wilco del último disco te convencieron, pero te hubiesen gustado algo más afilados).

Por su parte, South San Gabriel ya abren su disco dejando claro a lo que se dedican: acústicas más secciones de cuerdas llorosas (que no lloronas ni lastimeras) y una calma que recuerda a la de los mejores Lambchop. Hay a puñados, en el segundo cd de este disco compartido, canciones de ésas que da gusto escuchar nada más levantarse, sobre todo si la mayoría de la gente duerme.

No, ninguno de estos dos discos son lo suficientemente modernos como para hacerte bailar. Pero ambos tienen parte de la música más valiosa que nos va a dar 2008.

19. caUSE Co-MOTION! – It’s Time!

caUSE co-MOTION!!! no tienen ni un puñetero gancho: se han pasado tres años grabando canciones supuestamente de punk-pop, cosas como ‘Which Way is Up?’, pero no han querido regalar ni un sencillo fácil de pinchar o de referenciar en blogs modernos. El grupo parece más preocupado por acabar cualquier cosa lo antes posible, por no dar demasiado la lata, de manera que It´s Time se les ha quedado en 21 minutos de nada.

O sea que tenemos un recopilatorio de antisingles por un grupo de pop que no sabe hacer pop. ¿No es delicioso? Pues sí, a ratos mucho. Tampoco como para vender tu alma al diablo por ellos, pero sí para escuchar las tardes de los sábados y que te vengan unas irrefrenables ganas de visitar el mundo real. Ah, claro, que no os lo había dicho: It´s Time es un disco que no apetece nada escuchar delante de un ordenador. Ni siquiera en mp3.

Y, desde luego, no es nada recomendable para trabajar con el como hilo musical: la batería es tan torpona que es muy fácil tratar de imitarla; las manos se van sin darte cuenta y puedes despertarte de tu pequeño momento de air drumming con toda la oficina (o la biblioteca, si estabas estudiando) mirándote y pensando que, definitivamente, necesitas unas vacaciones.

Lo mejor de caUSE co-MOTION y de sus canciones es que, pudiendo ser tan lineales, han preferido que cada canción sea diferente. Y eso es algo que no sólo se elige, sino que hay que saber hacerlo. O sea, que torpes no son. Puede que no sepan tocar música, pero sí saben de música: arreglos brillantes, la capacidad para hacer que las canciones chispeen, ese matiz de hacerlo todo inmensamente pequeño.

18. Chad VanGaalen – Soft Airplane

Chad Vangaalen - Soft AirplaneMetido en esta lista con el calzador de quien sabe que no he escuchado suficiente a Chad, un tipo con serios problemas para centrar su música en un punto determinado, pero también poseedor de algunos de los mejores monstruos en formato canción según los mandamientos de Daniel Johnston.

Él es bueno, lo que pasa que no se lo acaba de creer del todo y a veces sus discos se deslizan por la cuesta de las rarezas. Como yo, que tampoco me acabo de creer que no haya escuchado más Soft Airplane. A saber en qué coño estaría perdiendo el tiempo y por qué aún no me he puesto a pensar en él lo suficiente.

17. The Last Shadow Puppets – The Age of…

Los nuevos Cinerama (sin cabalgadas eléctricas de por medio). Sí, en el fondo están recreando el pasado, pero hay canciones muy golosas como para desdeñar pronto este disco; ‘Black Pant’, por ejemplo, o ‘la brillante ‘Standing Next To Me’. Al principio, y mal guiado por el equívoco single que da título al disco, pensé que no tenían el suficiente talento pop como para iniciar una aventura así. Pero me equivoqué y me alegro.

Con sus arreglos lujosos y las voces magníficas de Turner y Kane (esto sí es compenetrarse y sin necesidad de recordar a los Beach Boys, que es lo que últimamente todo el mundo parece imitar cuando toca cantar a coro), The Age of Understatement me ha acabado ganando por la mano. Poco a poco, sin pensar en ningún momento que estaba escuchando un disco favorito, sin tener ningún flechazo, el debut de The Last Shadow Puppets es ya uno de esos discos que defendería a capa y espada. Quién me lo iba a decir…

16. The Gutter Twins – Adorata

Uno, aunque sea fan, tiene claro que el debut de los Gutter Twins no es lo que se esperaba de ellos. Pero cuando aún estaba rumiando si era una decepción total o sólo parcial (‘Idle Hands‘ tira mucho), van Mark Lanegan y Greg Dulli y se sacan de la manga este ep sólo disponible en iTunes. Cabrones, ya lo podían haber sacado en vinilo. Muchas versiones pasadas a su libro de estilo y unas cuantas canciones propias que brillan a gran altura.

Ahora que está tan de moda editar discos de complemento en formato digital al poco de publicar el disco “grande”, este Adorata es el Santo Grial de esa nueva moda: hay carne en todas sus canciones y nunca parece un artefacto para cumplir el expediente. Es más, añade mayor valor a la obra de estos extraños gemelos.

15. Deerhunter – Microcastle

Por fin empiezo a ver que Deerhunter, como grupo, quieren ir a algún lugar en concreto. Esta vez la banda se ha dedicado a hacer canciones y, además, ha querido meter cualquier tipo de exploración musical dentro de ellas y no fuera.

Todo suena más trabajado, con menos ganas de epatar y con más necesidad de sentirse un grupo. Tal vez sea el parón, pero el caso es que algo les ha sentado bien a Cox y sus colegas. Para los que tengan dudas, ahí está esa preciosa canción que es ‘Agoraphobia’, sin excesivas pretensiones excepto hacer nada más allá de un gran tema. Y en esa línea va todo el disco. Que, al fin y al cabo, es a lo que se debería dedicar la gente.

Dicen quienes les vieron en el Primavera Sound que el suyo fue uno de los grandes conciertos del festival. Yo me los perdí porque pensaba que iban a venderme el truco del almendruco, pero al final va a resultar que hay más grupo del que yo veía. La culpa es de Microcastle, que por fin une intenciones y resultados. Sigue sin ser la octava maravilla, pero es bonito y, para mí, muy inesperado precisamente por eso.

14. The Sunshine Rains – Hail The Goer

thesrains500-copiaOtro descubrimiento Moonpalace y van no se cuántos que ya se empieza a perder la cuenta.

Alex Delanda, el tipo detrás de los Sunshine Rains, quisiera ser folk, pero no parece encontrar su sitio en la tradición. Así que lo busca en otros lados y va dando tumbos en persecución de su yo musical.

Lo que no sé es si se ha dado cuenta ya tiene un disco. Uno grande producto de no tener nada claro lo que quiere. Que siga así, haciendo las mismas canciones que tantos otros de su generación, pero esta vez con la ideas claras. Incluso aunque él crea que no y parezca dar tumbos.

A este Hail to The Goer, corto pero cien por cien disfrutable, yo lo colocaré justo al lado del Small Town Murder Scene de los canadienses Fembots. Otros que tenían muy poco claro dónde iban hasta que lo descubrieron y se echaron a perder. Apuntadlo también, coño, y colocadlo al lado. Veréis como a veces la desorientación es la mejor manera de escribir canciones folk que no sean típicas.

Dance You Monster To My Soft Song By Paul Klee – The Sunshine Rains

13. The Hold Steady – Stay Positive

Al final, la carrera de fondo que es la trayectoria de The Hold Steady se me ha acabado revelando justo cuando a todo el mundo parecen darle igual. Pero tengo razones: más allá de la anécdota sonora en la que se ha convertido su mezcla entre Springsteen y Husker Dü (como mola soltar tópicos repetidos mil veces), lo más interesante está en cómo los de Minneapolis han conseguido hacer de su vida como banda y de su escena musical un fascinante palimpsesto en el que los nuevos discos hablan de los viejos, en el que las letras de ahora remiten a las de hace tres o cuatro años, en el que su música ha alcanzado la endogamia como estado de excelencia.

Hay que tener muchos huevos para hablar de ti mismo una y otra vez, de tus cosas y de tu gente, y que parezca que hablas de todos nosotros. Un brindis por San Joe Strummer.

12. The Bug – London Zoo

¿Os acordáis de la adrenalina que desprendía XTRMNTR, de Primal Scream, tras la primera escucha? ¿De la brutal colisión de sonidos que allí se llevaba a cabo? ¿Sí? Pues quitadle las guitarras, añadid a Jamaica y a su música por todos lados y hacedlo aún más oscuro, que no más pesimista. Eso es London Zoo. No se parecen en nada musicalmente, pero la sensación que me deja es la misma.

Y la sensación es importante, porque éste es un disco de atmósfera rompedora: empieza lleno de rabia (fenomenal Tippa Irie en ‘Angry’; youtube), a ratos se llena de caos, en otras canciones cae casi en el letargo (luce mucho la ruptura que impone ‘You and Me’ hacia mitad del álbum), etc…

Pero no sólo el ambiente rompe: el sonido se escapa a todo control, los sonidos graves se lo llevan todo por delante y escuchado a no excesivo volumen, London Zoo empieza a retumbar por toda la casa.

The Bug ha conseguido que su nuevo disco tenga tantas caras como se le quieran poner. Es hedonista (en una pista, esto rompe todos los cuellos que quiera), lleva carga emocional (la mala baba como medio de supervivencia) y tiene tantas capas y detalles como para perderte dentro por una buena temporada.

11. Los Campesinos! – Hold on Now Youngster

Y de repente llegan Los Campesinos!, jovencísimos, radiantes, pizpiretos, pegajosos como el chicle, un poco pícaros y rabiosamente ruidosos y se sacan este disco. Y yo tengo envidia, mucha envidia. De ellos y de los que aún tengáis 15-17 años.

Porque cada vez que escucho Hold On Now, Youngster me dan unas ganas terribles de ser adolescente de nuevo y poder recibir este disco con los brazos abiertos. De encerrarme en mi habitación y machacarlo una y otra vez, a todo volumen, mientras mis padres no entienden absolutamente nada. De pasárselo en cinta (¿hay aún de eso?) a todos mis amigos para luego berrear las canciones por los bares, para sentirnos dioses cuando nos pongan una canción – esa canción – en cualquier lado.

Ganas de dejárselo a la chica que me gusta y que no le parezca nada especial y llevarme las manos a la cabeza y darme una vez más cuenta de que entre lo que siento yo y lo que piensa el resto del mundo hay una brecha tan grande a la que sólo los años y la necesidad de no estar lejos de todo te obligarán a ponerle unos cuantos puentes (muchos de ellos forzados).

10. The Drones – Havilah

thedroneshavilahGareth Liddiard, responsable de las composiciones del grupo, lleva ya un tiempo haciendo que sus magníficas letras (otro de los puntos fuertes del disco) sirvan como vehículo para historias de perdedores, de hombres y mujeres puestos contra la espada y la pared, de abortos, gente hundiéndose en una barca rodeada de tiburones o de alcohólicos y almas rotas. También de hijos que son un desastre y no por culpa de los padres: se pasan el día viendo porno en internet o jugando al “fuckin Halo 2”.

Dicen que Gareth estuvo aislado un par de meses en pleno monte para escribir estas canciones. Puede que ello contribuyese a relajar el caos y la violencia de otras obras anteriores. También su tremendismo. Porque puede que el único problema de futuro de The Drones es que tienen que afilar al máximo sus canciones, tienes que llevarlas al límite que separa lo dramático de lo teatralizado para conseguir que funcionen. Sin embargo, como demuestra Havilah, poco a poco van logrando superar ese pequeño defecto para hacer discos cada vez más completos. Ya va siendo hora, como decía al principio, de que se les haga un poco más de caso.

09. Oxford Collapse – Bits

En música, el nervio se tiene o no se tiene. Es lo que hace que las canciones galopen, pongan al oyente a mil y levanten a un muerto. Muchos se pasan la vida buscándolo y lo encuentran, pero sólo ara un espacio corto de tiempo: son esos grupos que un día, después de una carrera más bien sin sustancia, se dan de bruces con hit explosivo.

Sin embargo, hay otros grupos que el nervio lo tienen de sobra, que lo encuentran incluso en las canciones más flojas. Por ejemplo, les pasa a mis queridos Les Savy Fav. Y ahora he descubierto que también les ocurre lo mismo a Oxford Collapse. ¿Dónde he estado mirando todo este tiempo? ¿Por qué he hecho caso omiso de los que los recomendaban? Ni idea: a veces pasa: a mí el nombre de Oxford Collapse me ha dado una pereza horrible hasta que me he puesto su Bits y allí estaba: el nervio.

08. No Age – Nouns

Y no, esto no es propiamente indie rock de baja fidelidad según el libro de estilo de los años 90. Al contrario, lo que ocurre con No Age es que sus canciones, aún en estado embrionario, nacen exactamente del mismo lugar que las de Sebadoh, que las de Guided By Voices.

Ahí, en ese lugar etéreo donde el ruido es incontrolable, donde el rock de los años 50, lo más básico posible, se inunda con una capa de feedback, ahí es donde No Age recogen su inspiración. Pero ni son los nuevos Sebadoh ni van a iniciar el revival de nada: aquí hay pulso propio, uno que late con fuerza.

El dúo de Los Angeles es esquelético, como sus canciones. Cuando deciden que quieren escribir una de condiciones, se sacan algo como ‘Eraser’ o ‘Teen Creeps’, himnos noise no sólo en potencia sino en acto.

Lo que pasa es que lo que a ellos les pone es esconderte esas cartas y venderte la moto con otros sonidos igualmente excitantes. En cierto modo, los No Age de Nouns no están tan alejados de Animal Collective: ni por el forro suenan igual, pero sí que hay la misma intención juguetona y perversa hacia la música que les gusta. En aquellos es la psicodelia y la electrónica, en No Age es el rock de baja fidelidad.

No Age juegan al gato y al ratón con los oyentes y consigo mismos. Ni son revolucionarios ni el santo grial del rock, pero te lavan los oídos que da gusto. Exactamente lo mismo que lograban los mejores grupos lo-fi de los 90. Que nadie los vea como la salvación de la música, porque, en el fondo, No Age están deseando que todo se vaya al carajo para seguir tocando sus guitarras entre las ruinas.

07. Portastatic – Some Small History

Mac decidió un día que su labor no era para tanto y que a él lo único que le interesaba era hacer canciones y conseguir que otros las hicieran también. Como, además, siempre ha sido un músico incansable, además de sus andanzas con el que era su grupo grande (Superchunk, autores de algunos de los mejores himnos adolescentes de los 90), siempre ha tenido a mano a Portastatic, su proyecto paralelo.

De esa labor incansable quedan 18 años de canciones, muchas de ellas desperdigadas en singles, recopilatorios o baúles perdidos. Y eso es lo que Mac ha decidido recopilar bajo un título que, de nuevo, deja muy clarito cómo se toma él su trabajo: Some Small History. Hablamos, pues, de una historia pequeña, o eso dice él, porque algunos seguimos pensando que lo suyo es de un talento que tira para atrás.

06. Robert Forster – The Evangelist

Hay veces en que las cosas, aunque sean imprescindibles, no sientan bien. Películas que son obras maestras, pero que dejan mal cuerpo; libros durísimos por el contenido, pero que no puedes dejar a un lado; o discos que no dejan de hacerte daño, pero no puedes obviar. The Evangelist no se merece quedarse fuera de mis recomendaciones sólo por lo mucho que me cuesta salir de él indemne.

If it rains, we’ll worship again We’ve seen what came without the rain We‘ll be thankful that it came If It Rains

Pues eso: aunque esto salga de la tormenta, habrá que darle gracias a Robert Forster por un disco así. Incluso con todo lo que duele escucharlo.

05. Fleet Foxes – A Sun Giant

Sun Giant EP es un disco pequeño que, además, se hace corto. Porque no siempre dar pocos minutos de música implica que el oyente se quede con ganas de más. Pero la visión idílica y rural de la música que ejecutan estos estadounidenses se hace querer rápidamente. Vamos, si lo tuyo son los Byrds que mezclaban los aromas psicodélicos con el folk de EEUU, aquí hay toneladas de emociones para ti.

Por ejemplo, la sensacional Drops In The River, un prodigio de intensidad creciente y una de mis favoritas del año, o Sun Giant, toda a capella. También Mykonos, casi un acercamiento a la música sacra desde una cabaña de las grandes praderas, que acaba siendo puro Neil Young.

A Sun Giant ha acabado siendo mejor que su alabado disco largo. Donde allí se mecen en el notable, aquí se llevan de calle el sobresaliente.

04. Damien Jurado – Caught In The Trees

Los discos que nacen de un corazón roto tienen un algo especial y, cuando triunfan, vuelan muy alto.

Caught In The Trees lo hace: el desnudo emocional de Damien Jurado, muy de alto voltaje y con frases muy directas dirigidas a su ex se viste en esta ocasión con ropajes mucho más vitalistas. O, más bien, tan optimistas como podían serlo las canciones más arregladas de Elliot Smith.

De hecho, es fácil ver el espíritu del propio Smith en la muy bella ‘Trials’ (imeem) o en todo ese quinteto inicial en el que Jurado se hace acompañar de una banda como nunca ha tenido: el piano de ‘Gillian Was a Horse’, el aroma casi folk-rock de ‘Coats of Ice’ o en las muy Neil Young & Crazy Horse ‘Best Dress’ o ‘Go First’.

Jurado, un tipo capaz de cantar sobre cómo el duerme en las mismas sábanas en las que el amante de su mujer hace el amor con ella, consigue así quitar dramatismo innecesario a una obra que ya de por sí es bastante dolorosa y que no necesita sonar lastimera para ser profundamente triste.

03. The Wave Pictures – Instant Coffe Baby

Son un grupo que o te agarra del corazón o ni siquieras sentirás indiferencia. Eso sí, cuando te tienen bien cogido, te sueltan canción tras canción, verso tras verso, tal artillería pesada emocional que es muy sencillo creerte que has descubierto el Santo Grial.

Como en Pulp, aquí hay celos, parejas de que se rompen, sexo, tabaco, cuernos y finales felices, pero sin violines. Hay toda una retahila de frases pop (o sea, que ya has oído en otras canciones, pero que parecen nuevas) en la que puedes rastrear pistas de tu propia vida, de tus propios amores.

Definitivamente, la culpa de mi idilio con ellos es de estos. Ahora toca acarrear con otro grupo vital a las espaldas.

02. Vampire Weekend

¿Qué sé de la música sudafricana, supuestamente tan importante en Vampire Weekend? Pues, honestamente, lo que otros blancos me han querido contar.

Así que a mi este disco me suena mucho a los Talking Heads menos oscuros. O sea, a David Byrne cuando quiso enseñarnos un poco del continente africano. También me recuerda a la actitud de aquel grupo genial: parecen igual de pijos, suenan también tan bohemios. Si aquellos salían de una escuela de arte, Vampire Weekend son estudiantes universitarios con pocas preocupaciones: follar (Cape Cod Kwassa Kwassa es la canción más sutil que se ha escrito últimamente sobre eso), beber, comer, bailar y mirar a las chicas. En eso, la estampa que pinta Campus es bastante significativa.

Musicalmente, son tan esqueléticos y a la vez complicados como los primeros Talking Heads. Pero mientras éstos miraban más por el ritmo, Vampire Weekend buscan abiertamente el estribillo, el pop. Y lo logran con mimbres (lo digo otra vez, porque la que viene es la palabra clave) divertidísimos.

Venga, unos cuantos ejemplos:

Oxford Comma‘ y sus uhuhu, su ritmo construido con un palillo y una caja, sin necesidad de pomposidades varias, desmonta todo el casi todo el indie que sonó en 2007. En ‘m79‘, el contraste entre su ritmo juguetón y las cuerdas da lugar a la mejor canción que vamos a oír durante esta primavera, ésa que me van a dar ganas de poner en repeat hasta matarla. En ‘A-Punk‘ no sólo está el ritmo acústico frenético y el mellotron incrustado como diamante en priedra (¿he oído que alguien mencionaba a los Feelies?), sino también la forma de cantar de Ezra Koenig, otro de los grandes hallazgos del disco: oírle frasear eso de In the Young Men’s Wing at Sloan-Kettering y sacar una sonrisa de admiración es todo uno.

Repite la jugada en la ya mencionada Cape Cod Kwassa Kwassa (Is your bed made? Is your sweater off? Do you want to fuck? Like you know I do) y en otras muchas. Precisamente su forma de cantar da el último empujón de delicia, de ociosidad, de vida al aire libre, de bohemia juvenil, que la banda necesita.

Quizás ahí sea donde más se nota otro nombre que se está dejando caer a su costa: Orange Juice. Como con las canciones del grupo de Edwyn Collins, uno se siente más libre, menos oprimido por el día a día, con más ganas de enamorarse de las cosas bonitas que hay por ahí fuera. También, como en aquel You Can´t Hide Your Love Forever, este debut está lleno de canciones que (a mí me) suenan honestas, joviales y disfrutables en todo momento.

He leído por ahí que sus canciones son para imaginarse a Molly Ringwald bailándolas. Me parece una buena imagen.

01. The Mountain Goats – Heretic Pride / Silver Jews – Lookout Mountain, Lookout Sea

Hace unos días discutía con Catódica Protestante sobre la importancia de la longevidad para juzgar una carrera musical. Insistía ella en que los mejores grupos son los que al cabo de unos años (cinco, diez, 20) siguen vigentes, y su trayectoria sigue siendo impecable.

Yo le defendía que eso me da igual, que para mí un grupo puede ser enorme aquí y ahora y luego desaparecer sin dejar rastro. Lo pienso y me salen puñados de bandas de que ardieron tras dejar sólo un gran brillo. Guay, mejor eso que desaparecer, según ‘Rust Never Sleeps’, ¿no?

El caso es que, curiosamente, los dos mejores discos de 2008 para El Ruido de la Calle van más en la línea catódica que en la ruidosa. Los dos los han hecho grupos a los que su trayectoria les ha acabado por otorgar galones. Bueno, otra inconsistencia más.

En cualquier caso, aquí están ambos. Silver Jews, con David Berman dando sentido a su atribulada trayectoria vital. Lookout Mountain, Lookout Sea tiene algo de batalla ganada a la posteridad. A Berman, con seis discos, ya no hay pegas que ponerle: suena muy contenido. Quiere decirnos algo, pero no acaba de lanzarse, porque teme que la conclusión sea equivocada. O dolorosa. O falsa. Porque no sus protagonistas no se fían de los recuerdos, como tampoco lo hace David Berman o el abuelo de las batallitas, incluso aunque sean lo único que tienen.

Lookout Mountain, Lookout Sea son como diez variaciones del ‘Range Life‘ de Pavement sin ironía musical de por medio. No va a entusiasmar a nadie, excepto a aquellos que estén dispuestos a tirarse toda la tarde escuhándole y releyendo una y otra vez las letras. A gente dispuesta a “perder el tiempo” escuchando a los demás. Ya sé que eso ya no se estila, pero es algo que convendría no perder de vista.

Y Heretic Pride es la misma cara de otra moneda diferente. La receta es tan simple como coger una guitarra acústica y hacer folk-pop, que parezca moderno, que no se vaya por las ramas ni se ate demasiado a las raíces. Rascar las cuerdas en busca de buenas canciones: eso es lo que le importa a John Darnielle.

Bueno, las canciones y sus letras. El líder de los Mountain Goats tiene talento para la poesía pop: escribe certeras y cercanas disquisiciones sobre absolutamente todo lo que se le pase por la mente. ¿Que quiere imitar el estilo de un escritor de novelas pulp algo xenófobo? Le sale la ya citada Sax Rohmer #1. ¿Que piensa en los herejes condenados en la Edad Media? En Heretic Pride (la canción) los describe orgullosos de ser como son, manteniendo la cabeza bien alta antes de que la puerta de su casa se abra y entre una turba con antorchas en la mano.

El punto de vista de Darnielle nunca es tópico. Habla sobre bacterias que aman vivir en el instrumental del laboratorio, sobre cultos religiosos frikis, sobre un pueblerino Lovecraft mudándose a Brooklyn y sintiendo el vacío y la hostilidad del mundo moderno, sobre la amabilidad de los monstruos del lago Tianchi o sobre asesinos de películas de miedo.

Lo mejor de todo es que siempre lo cuenta de una manera en la que yo me siento identificado: como me ocurre con las canciones de Parade, los temas atípicos y supuestamente tan alejado acaban por hablar sobre mi vida. Quizás también sobre la vuestra. Eso hace que este disco sea más disfrutable aún. ¿No lo he dicho ya? Discazo.

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San Bernardino te da la bienvenida

2 Comments 19 February 2008

We got in your car and we hit the highway
Eastern sun was rising over the mountains
Yellow and blood red bits
like a kaleidoscope

Reconozco mi debilidad por las canciones sobre viajes. Y aún más por las canciones que hablan de enamorarse cuando estás de camino. San Bernardino es de ésas.

No es ya sólo que los Mountain Goats sea uno de mis grupos favoritos ni que se hayan sacado de la manga un disco de canciones vitalistas y desde el lado amable de la vida (lo cual siempre veo con buenos ojos, teniendo en cuenta que de músicos de bajón anda lleno el mundo). No, no es sólo eso: es también que en esta ocasión se han afanado por pulir al máximo los detalles.

De esa necesidad por sentirse más arropados nace San Bernadino, donde John Vanderslice, productor del Heretic Pride los Mountain Goats, hace un soberbio trabajo de cuerdas. Mientras la gran mayoría de los grupos que optan por los violines se tiran al lado de la pomposidad, las cabras montesas y su magnífico hombre en el estudio eligieron lo pequeño.

Puede que espadas llameantes guarden el Jardín del Edén,
pero nosotros dos consultamos mapas primitivos,
Idiomas muertos en nuestras lenguas
Agarrados a nuestra última esperanza.
Y el día era bonito y luminoso y
la señal de la autopista rezó:
“San Bernardino te da la bienvenida”

O cómo crear un nuevo mundo desde la bañera de un hotel, cuando llega la hora de quitarse el polvo del camino.

We were safe inside
and our new son cried, “San Bernadino welcomes you”

(Por cierto, el grupo de El Ruido de la Calle en Imeem, con nuevas canciones cada día y esas cosas tan de la web 2.0)

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GIMME TEN ESPECIAL

3 Comments 14 February 2007

¿Hace falta que diga de qué va hoy? ¡Qué vivan los tópicos pop!


(La postal, vía Action-Squad)

Amor, sí, pero con una condición: sólo podían ser canciones editadas en 2005 (¿Por qué? Porque para ser arbitrario me basto y me sobro). Si no les gusta, culpen al año. O a mí. Paz y amor, devendras. Así ha quedado:

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1 Comment 25 January 2007

Cabras montesas al Peel Peel

El 13 de febrero de 2003, los Mountain Goats viajaron hasta Gran Bretaña para grabar una Peel Session. Allí se descolgaron con cuatro canciones emocionantes que vuelve a dar cuenta de su buen hacer, como compositores y como letristas. Una pequeña joyita que sirve para volver a repetirles a todos ustedes que hay bastante más detrás de ese grupo que el maravilloso Get Lonely.

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Destacados

Ondas del Espacio Exterior 2006

2 Comments 02 January 2007

Ondas musiconeuronales de extranjeros alienigenas

20 discos entre los que triunfan los cl�sicos de siempre y unos pocos nuevos. �Nos hemos vuelto m�s conservadores en El Ruido de la Calle? No lo creemos. En cualquier caso, estos discos extranjeros son los que m�s han estimulado nuestras neuronas, nuestros corazones y nuestras entrepiernas.

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Destacados

El 2006 en 101 canciones (Parte V)

No Comments 01 January 2007

35. Silent Shout – The Knife

La mejor canción del sobrevalorado disco de estos suecos que, por lo menos, no se quedan en la facción twee de la vida. Oscuridad tecnorock que aún tiene mucho que demostrar. En Silent Shout, la atmósfera se corta como un cuchillo.

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El Michael Myers replandeciente

No Comments 21 December 2006

Ése es el título de

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que los Mountain Goats, firmantes de uno de los discos más bonitos (ésa es la palabra) del año, acaban de colgar en su página web. Una vez más John Darnielle vuelve a sorprender por su forma de enfocar la letra. Como protagonista del tema pone al asesino de Halloween, ese Michael Myers que se dice a sí mismo “Todo el mundo ama a los ganadores“.

Dice Darnielle que este tema lo escribió anoche y que está seguro de que se mterá en el estudio para grabarlo y editarlo en el próximo disco de Mountain Goats.

Vía Youaintnopicasso

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