Laughing Stock – Talk Talk (1991)
Con el paso de los años y de los discos, Mark Hollis se había hecho con el control absoluto de Talk Talk. Cierto que siempre fue el líder o el cabeza de familia, pero su personalidad se fue adueñanado de casi cada segundo de canción, de cada letra impresa. Pese a todo, el propio Hollis se ha encargado siempre de matizar esa sensación dándoles a compañeros como Tim Friese-Greene más importancia de la que los críticos y periodistas musicales le otorgaban. Por el camino, el grupo había perdido a su bajista, Paul Webb, y en 1990, cuando entraron al estudio a grabar su nuevo disco, sus integrantes no se encontraban en un gran momento.
A Mark le gusta el silencio. Lo ha asegurado en bastantes entrevistas y, con el paso de los tiempos, ha hecho de él un elemento más de sus música, uno tan importante como el piano o las guitarras. Tanto como su tremenda voz, que en la madurez (en este Laughing Stock, por ejemplo) adquirió toques de negrura y profundidad muy poco típicos.
A Mark le gusta no escuchar nada y casi todo en Laughing Stock, con sus tonos jazzies, con su atmósfera de penumbra, parece temer romperlo. Ya desde el inicio, cuando durante 20 segundos el disco se paraliza y no arranca. Los cinco minutos que siguen a esa pausa sonora, los de la intensa Myrrhman, son la puerta de entrada a unos Talk Talk renovados y acosados por un entorno poco propicio. Hollis vivía aislado. En declaraciones de Phill Brown, ingeniero de sonido del disco:
“Mark no se comunicaba con nosotros. No esperaba que él lo hiciese con los músicos de estudio, porque nunca lo había hecho, pero sí con Tim y conmigo. Aquella época era de risas y de animación, pero él se pasó la mayor parte del tiempo mirándose a los pies mientras los tres trabajábamos.”
A Mark le gusta tanto el silencio que le dijo a algunos de sus amigos que los mejores momentos de muchos discos eran las pausas entre canción y canción. Y no le gustan demasiado que otras personas, aparte de esos amigos, metan mano en sus obras. Por eso, en Laughin Stock, y pese a que 21 personas están acreditadas durante su grabación (y más de 40 participaran en ella), la mayoría de los instrumentos pasaron por las manos del trío fundacional de la banda. Lo asegura Tim Friese-Greene:
“Preferíamos escribir los arreglos nosotros y tocarlos también nosotros, porque así no lo íbamos a echar a perder. Y cogimos bastantes instrumentos a los que no estábamos acostumbrados, tocándolos desafinados o haciendo que entrarán en el momento incorrecto, pero que, inevitablemente, se convirtieron en los mejores fragmentos de las canciones. Laughing Stock está hecho de cosas que son irrepetibles”.
Irrepetibles y nada sencillas. Pese a una primera apariencia, el último disco de Talk Talk es rico en matices, casi ostentoso. Lo esconde bien porque está en clave baja, casi en un tímido hilo musical. También por la importancia de lo que no suena. Pero lo que sí se oye es mucho y muy bueno: cosas tan sorprendentes como el ruido que inunda After The Flood aproximadamente a la mitad de la canción (que, no lo olvidemos, es una de las esenciales del disco, con sus nueve minutos y pico de duración). Hecho con un sintetizador alemán controlado a través de la respiración que Mark nunca llegó a controlar bien. ¿Artie? Puede. Pero de espectaculares resultados.
After The Flood, de apocalíptico y casi dylaniano título, fue la última canción que terminaron para Laughing Stock. La pusieron como cierre de la cara a, donde tiene más sentido que en la secuenciación en cd, que la deja situada justo en mitad del disco. Antes de ella, además de Myrrhman de la que Phil Brown cree que sintetiza todo lo que la banda quería ser, está Ascension Day, la más sonora y brutal de todas las canciones del disco, la que menos espacios deja al silencio.
Como bien indica Ivan Conte en su artículo respecto a este disco Ascension Day recuerda por igual a Coltrane y a Branca y da sopas con honda a cualquier intento de la época en meter el jazz en un contexto más rockero. Sin veleidades de pianobar, sin desbarres freejazz tampoco, Talk Talk logran en Ascension Day una de las canciones más intrigantes de la década.
Frente a ese triplete ganador, Taphead parece ser el eslabón débil de la cadena. Es culpa de escuchar en cd un disco pensado para el vínilo. Tras After The Flood se hacía indispensable una pausa para cambiar de cara el disco. Vista así, Taphead no sería la peor canción de un disco inmenso, sino el segundo quicio a un universo en expansión, cambiante.
En cualquier caso, tras ella se presenta, de sopetón, la dulzura personificada, New Grass, un tema donde la garganta Mark se hace definitivamente inmortal, acompañando a una batería tocada con escobillas (jazz no sólo por eso, que el sello Verve resucitó de entre los muertos para dar cabida a este disco entre su catálogo) y a una estructura repetitiva, pero no inmóvil.
Después de la inundación y de que haya crecido la nueva hierba, Talk Talk acaban refugiándose en un órgano y en una guitarra slowcore para dar forma a una canción, Runeii, que se pone en rampa de lanzamiento hacia una explosión que nunca llega, porque está contenida, retringida a que el silencio haga su trabajo de demolición. Teñida con metáforas religiosas, como todo el resto del disco, Runeii pone un hermoso anticlímax a Laughing Stock y a toda la carrera de Talk Talk. Curioso final para un disco de bella portada y también para una banda que empezó en el pop y acabó en la antítesis. Una carrera de valientes, un final a su altura.







Thirteen fue un golpe al estómago de los que (creánselo, fue así) en las Islas Británicas habían acogido a Teenage Fanclub como los Nirvana ingleses. Aquel disco de producción horrible y canciones bastante más estimables de lo que la prensa musical de por aquel entonces nos quiso hacer creer tuvo que lidiar con el final del zeitgeist: de repente, Teenage Fanclub no eran un grupo enorme de guitarras eléctricas, sino otros nuevos seguidores de Big Star y demás ralea pop. Nostálgicos. Repetidores. Olvidémonos de ellos: sigamos en la pista de baile.
¿Qué se puede contar de un disco (o de una pareja de ellos, mejor dicho) que contiene una declaración de principios tan clara como la que dice “Rockaway Beach for me, Heartbreak Hotel for you“? ¿O que contiene una canción llamada Summerpop Radio?
La vida mata, sí, pero antes te da buenas hostias y algunas alegrías. No es ser tremendista: vivir mola, aunque a veces se haga duro. Y si eres un perdedor, la cosa está jodida. Al menos te cabe la esperanza de saber que tras el último no va nadie.





