Chill Out se anunciaba, según el día en que pillases a Joe Crepúsculo, como un disco de baladas AOR, uno a lo Calamaro, uno a lo Julio Iglesias o uno a lo Michael Bolton. Bueno, de esto último no estoy demasiado seguro, pero ya sabéis que por aquí siempre imprimimos la leyenda.
Sea como sea, ‘Una paloma atraviesa el fuego‘ es ya otra muesca en la colección de hits inmediatos del Super Crepus, sólo que más abigarrada de lo que en él es costumbre.
En los últimos días ha sido casi imposible dedicarle tiempo a El Ruido de la Calle, lo cual no quita para que no hayan pasado cosas muy interesantes por aquí. Las iba apuntando, pero no pude darles salida, así que hoy toca un totuum revolutum de cuidado.
Hay que ver lo chunga que es la portada del disco de Extraperlo. Desde luego, si intentan ponerlo difícil para sumarse a su propuesta a lo Ciudad Jardín, lo hacen de lujo. Rollo sinfónico del chungo, me parece a mí. O peor: jevi de los 80. Si es broma, no le veo la gracia.
En Take The Pills, siempre atentos al pasado, nos ofrecieron una colección de demos, descartes y rarezas de The Field Mice. ¿Puedo decir “bonito”, pese a ser una palabra que use demasiado?
Sigo leyendo la autobiografía de Luke Haines, ‘Bad Vibes: Britpop And My Part In Its Downfall’. La cosa es tremenda, como siempre ha sido casi todo lo que tocaba el señor Auteur. A ver qué se hace en nada con Black Box Recorder, que resucitan tras el maltratado Passionoia. Por cierto, que con mala baba Haines también podría haber titulado su libro ‘These Are The Things That Will Keep Us Together’.
Ted Leo se ha hecho una apetitosa versión del ‘Dancing In The Dark’ de Bruce Springsteen. Y Bruce ha editado uno de sus peores discos desde Tunnel of Love, con alguna canción realmente vergonzosa.
En HS entrevisté a The Pains of Being Pure At Heart y me parecieron unos tipos encantadores. Su disco, pese a que camina por sendas por las que todos hemos pasado muchas antes, tiene ese don de ser encantador. Esto sí suena brillante, que diría el Crepus.
Por cierto, que tras El Guincho hay alguien más que ha querido remezclar a SuperJoe. Es la propia ‘Suena Brillante‘ la que ha caído, de un tal Encanto. ¿De qué me sonará a mí ese nombre?
Meanwhile back at home, ando dándoles vueltas a la maquetilla de Tremolly Ringwald, proyecto electrónico casero y desbarrado de gente conocida en el underground. Los que la han perpetrado son también responsables de que volviese a mi cabeza uno de los momentos preadolescentes más perturbadores de mi vida: la escena de sexo de Molly R.
Sospecho que hay gente conocida (dicen que de Madrid, no lo sé) detrás de Los Directivos, pero en tres días que llevo escuchándolos (desde que me dijeron “hay que oírlos”) ya estoy totalmente enganchado a ellos. ¿Décima Víctima meets Austrohúngaro meets Producciones Doradas?
También me chivaron por ahí que el nuevo de Kikí D’Akí era malo a rabiar y eso me dio aún más ganas de tenerlo… y sí, es malo. Discrepo con los que piensan que Villa Flir sea un mal disco, por mucho que a veces le cortaríamos las manos a Guille Milkyway. Es más, visto lo de No mires atrás… resulta bastante más fácil defenderlo. ¿Debe cambiar de compositor Kikí? Yo creo que sí.
La vida sin Twitter es más fácil, pero mucho menos divertida. Por ejemplo, no hubiéramos podido seguir allí al Bowie falso ni a Sonic Youth, que narran en tiempo real las evoluciones de su vuelta a la independencia. Podían aplicarse el cuento Cohete, de los que seguimos esperando a que se decidan a terminar su primer disco largo. Los cachondos mantienen en su myspace que saldrá el próximo otoño. Es lo bueno de no poner año: el pasado otoño también fue el próximo una vez. Al paso que van se pueden acercar a las cotas del Chinese Democracy. Lo cierto es que necesitamos ya otro mito inacabado y problemático, por mucho que ninguno de los madrileños tenga las pintas decadentes de Axl Rose.
Decadente y chunga es la versión que My Chemical Romance han hecho del ‘Desolation Row’ de Bob Dylan para la banda sonora de Watchmen. Para colmo, la han vestido de picture disc y, cómo decía un comentarista de este blog en twitter, “no hay nada más feo en este mundo que un picture disc!”.
En el apartado de rumores, se dice que el Primavera Sound tiene a punto de caramelo a Scott Walker y a Neil Young, lo que estaría muy bien si no fuera porque también se ha comentado que podrían estar en el Fórum ¡The House of Love! Eso eleva en mucho la cotización del PS, siempre que pases por el aro nostálgico. Mientras, en el FIB (Festival Inglés de Benicassim) dan alas a la muchachada británica con Oasis y los Killers. Are we human or are we guiris?
Televisivamente, y mientras aún se puede pescar en las aguas revueltas de Granjero busca esposa (bizarrismo agrosexual sin jineteras y a ritmo de superestrellas indie), lo mejor de la semana ha sido la intertextualidad abrumadora de Acusados, el plagio de Telecinco a Damages, serie que le encanta a Katsura! y que a mí me gusta aunque le veo dos problemas: es tramposa y sale Glenn Close. Hasta cuando copiabas en los exámenes sabías que era de tontos ponerlo todo igual.
Y Lost sigue mareando a todos los espectadores ahora que ya no puede marear más la perdiz. Pero donde la cosa anda calentita es en Battlestar Galactica, una de las mejores series (de ciencia ficción o no) de la década, que se aproxima a su final dejando cliffhangers de padre y muy señor mío. ¿Sois alguno de vosotros el último Cylon? ¿O lo son los Killers?
La lista de nacionales de El Ruido de la Calle es mucho más corta y tengo la sensación de que nos dejamos algo importante. No importa: quede este número ocho desierto tanto para los que pensáis que tal o cual disco debería estar aquí como para aquellos que creáis que ni siquiera os da la lista para que sumen ocho.
07. Tachenko – Esta vida pide otra
No hace falta que lo diga mucho más, pero sólo con una canción como ‘Hacia el huracán’ Tachenko se llevaron de calle mi corazón durante mucho tiempo. Para los amantes del pop vitaminado, del power-lo-que-sea, de las canciones que no tienen miedo a su pasado, Esta vida pide otra (título ambiguo, como muchas de las letras del disco) es puro oro.
06. Airbag – Alto Disco
Será que hacerme mayor o padre o yo qué sé me ha convertido en un tipo menos necesitado de que me susurren al oído la vida qué mala es (siempre preferí que me lo cantasen como Lapido, no obstante). Será también que he pasado muchas veces por la puerta de mi antiguo colegio, o por las calles de mi ciudad universitaria, sólo para darme cuenta de que el pasado se me fue demasiado rápido, pero ya ha dejado de doler. Será que el único twitt (ajeno, claro) que tengo marcado como favorito es éste:
Vuelvo al pasado, al lugar de los hechos, ahora. No sé qué me da más cosa, que cambien los lugares o que cambien las personas.
Será que Airbag consiguen volver al pasado sin que nada te dé más cosa. Será que en su eterno verano siempre hay olas, amores fugaces, Ramones, sol y auauauuuuuuuuus, paraparapapapáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas.
05. Anntona / Espanto – Split EP
Suavemente. Amor, a todos los ancianos se les va la olla, hay una tía metida en la cama que no soy yo. No te aguanto, no te quiero, ya lo he dicho y si me muero tengo escrito un testamento: al final se murió, si le llamas al móvil salta el contestador.
Suavemente. Amor, la vida es un carrusel, toma caramelos y un par de guantazos. ¿Cuándo surgió esta línea quebrada entre los dos?
Bésame: empiezas a hablar y todo mi plan se viene abajo. Si yo no te conociera también me engañarías. Te acompaño al taxi, con un par de besos te dejo escapar.
Señores… anda y que os den por culo.
04. Saioa – Matrioska Heart
Será que no puedo evitarlo. Por más que lo intento, en mi vida siguen cruzándose discos cocidos a un fuego tan lento que, en vez de calentar, congela. El de Saioa es como revivir a Come, pero, ya que estamos, traérselos a los montes de Euskadi y emborracharlos en los veranos de los pueblos, en vez de sólo llevarlos a Castellón, al Tanned Tin.
Una matrioska en la que, por muchas capas que quites, siguen apareciendo nuevas cosas escondidas.
No, no me digas “Te quiero”
No juegues con las palabras, por favor
Se te mueren en esos labios
No son nada, no son nada
Cada año que pasa, me doy cuenta de que me gustan menos las grandes ciudades que tengo por alrededor. Temo que voy a acabar convertido en eremita o, al menos, como habitante de un pueblo. Si puede ser lo más perdido posible, mejor, gracias. Cuando voy a esas grandes capitales, me pasa que a los dos días me quiero volver ya, echando leches a casa.
Y Los Punsetes me parecen la definición perfecta de por qué Madrid me da tan mal rollo. De hecho, Los Punsetes me parecen la expresión perfecta del mal rollo y la chunguez madrileña. No hablo de la chunguez de los madrileños, pues buenas y malas personas las hay en todas partes, sino del ambiente hostil con el que es necesario salir a la calle, de la mala baba que muchos se gastan como medio de supervivencia, de la idiosincrasia asumida desde hace generaciones. De la coraza de cinismo que hay que ponerse.
Los Punsetes cogen todo eso, lo disfrazan de hits y lo sirven frío, gélido, envuelto en una caprichosa bola de ruido creative commons. Son una fábrica de himnos generacionales. Pero puede ser que no los haya entendido: a mí Dos Policías me parece la mejor canción que se haya hecho jamás sobre el maltrato y resulta que es himno anti-cierre de salas.
¿Veis? Por cosas así me vuelvo tan rápido a mi cubil.
02. Joe Crepúsculo – Supercrepus / Escuela de Zebras
Quizá no sea casualidad que Los Punsetes y Joe Crepúsculo hayan dado el estirón el mismo año teniendo en cuenta que ambos liberan al pop español de los dos referentes que más daño le han causado en su historia reciente. Vemos en sus discos que no es imprescindible cargarse de complejos para copiar a Los Planetas, que hay opciones más allá de repetir ad nauseam el petardeo carpetovetónico de la Movida y más importante aún, que la solución no pasa por calcar modas extranjeras: ambos suenan ibéricos. Se puede ser español, producto de una cultura, y al mismo tiempo evolucionar. Ambos han demostrado cómo hacerlo.
01. Ísimos – Espanto / Lidia Damunt – En la isla de las bufandas
Durante mucho tiempo pensé que el número 1 de esta lista serían las dos obras grandísimas de Joe Crepúsculo, porque casi que ninguna otra había sonado tanto en casa como ellas. Sin embargo, de pronto tuve una revelación: en mi esfera cada vez más localista los dos discos más importantes eran precisamente unos que habían logrado hacer canciones universales con los temas del terruño.
¿Parece un tópico? Pues no es así. Por un lado tenemos a Lidia Damunt, responsable de un western crepuscular a orillas del Mar Menos. Quienes hayan estado allí, podrán reconocer enseguida en sus canciones el paisaje de una zona peculiar: el desierto justo al lado de la depravación urbanística; un mar que es una laguna de agua ultrasalada y que está condenado a desaparecer; pocos rastros de playas desconocidas; ni rastro de olas gigantes, ni tan siquiera de marea; Aloes de 50 metros mirando por encima del hombre a torres de apartamentos más altas, todas caerán; ocho caballitos de mar quedaban en el Mar Menor.
En el Mar Menor hay que esconderse en la sombra hasta que es de noche, el cielo es un desierto, los científicos lo estudian y hay profetas del apocalipsis costeros. 1974, 1974, 1974.
Dudo de que por allí paguen por tocar: no desde luego en esas playas dedicadas a la tercera edad justo al lado de los lugares donde los jóvenes turistas beben de más. Hay pueblos fantasmales en invierno, lodos terapeúticos, hoteles en el desierto, tiendas de periódicos que sólo se abren en verano y en las que para entrar debes pasar al interior de las casas.
Por haber, hay islas rocosas, sin nada de vegetación y rodeadas de medusas. Llegas en un barco pequeño, te bajas y te puedes tomar un caldero de arroz. Creo que si pasas el cedazo no encontrarás oro, aunque justo enfrente hay otra isla, en este caso privada, donde tal vez lo haya. No te acerques por allí: pasan cosas raras. Incluso una vez me pareció ver a Will Munny asesinando a Ned Logan, pero debió de ser una alucinación de las tres de la tarde. No es recomendable el Peppermint. Chas, chas, chas.
De todo eso da cuenta Lidia Damunt en su visita a la destemplada isla de las bufandas. Y, curiosamente, no apuesta por una música mediterránea, sino por el polvo de Woddy Guthrie. Coño, es tremendo. Y tiene todo el sentido del mundo: antes del desarrollismo, La Manga tenía que parecerse mucho al Salvaje Oeste. Ya era hora de que alguien la hiciese sonar justamente a eso.
Además, me apetecía encumbrar a un disco con una frase así:
Pero ella me ha contado en sueños la verdad
La Verdad es sólo un periódico de Murcia y nada más.
Y luego están Espanto, que vienen de tierras muy diferentes. Lo suyo nace en la misma Calle Mayor de Bardem, en lugares donde se dan cita falsos modernillos intrépidos, la cerrazón más absoluto y una obsesión por acompañarlo todo con vino y comida. Lugares donde la función fática es más necesaria que en otros: todos los días te encuentras por sus calles a gente que conoces pero con la que no hablas o no quieres hablar. “A ver si nos vemos, que cuando quedemos entonces te cuento que hoy tengo prisa nunca tengo tiempo”. Y, sin embargo, el tiempo pasa más lentamente que en ningún otro lugar.
Espanto e Ísimos nacen justamente del mismo lugar que ‘La Cotilla’, de calles convertidas en corralas, de ciudades que te las paseas en media hora paseando, donde la habladuría no es deporte de unos pocos, sino configuración genética.
Ísimos sabe de dónde viene y, al contrario que muchos otros discos de muchos otros artistas, no tiene reparo en avergonzarse de ello. Es más, mira a los defectos de su origen con el amor de quién está atrapado en su tela de araña invisible. Cuando Ísimos se pone de mala leche, acabas cogiendo cariño a los personajes que pueblan sus canciones: a la puta maleta que nunca cabe en el coche, a los más aburridos de todos, a la propia cotilla.
Ísimos, desnudísimo en su concepción casera, te convierte en el amigo sujetavelas que, por mucho que se queje, lo único que tiene es envidia. Te transforma en la niña a la que ningún chico nadie mira porque hay otra a la que ya le han crecido las tetas, a la que ya le han quitado las gafas, a la que ya le han metido mano. Te pone en la piel de quien sigue esperando a que regrese ese falso triunfador, el amor de su vida. Y te convierte en la casa vacía, justo antes de que empiece la fiesta destroyer en la que, una vez más, no volverás a dirigirle la palabra a quien deberías. Beber nunca ha sido la solución, pero es bueno tener amigos que te lleven.
Es bueno tener a Espanto, para qué nos vamos a engañar. Muy bueno.
Vídeo de fan, pero vídeo al fin y al cabo. Canciones de amor a punta pala en la segunda obra magna de Crespúculo en un mismo año. Con él, cada que intento expresarme, no encuentro nunca la expresión.
El Guincho, buen compañero de música y amigo, que ahora está de gira por las américas, y que desde aquí le deseamos una gran cruzada, se ha currado este excelente “remix dub” de Gabriela.
Para los que no lo sepan, Gabriela es una de las canciones de esta año, como casi todas la de Joe, mítico entre los míticos. El remix dub lo podéis escuchar aquí
Y también descargarlo directamente desde el
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Ya que estáis allí os descargáis el disco palíndromo de las navajas y el amor y os hacéis un favor vital.
Hacía tiempo, ¿eh? Pues bien, estas son las recomendaciones de Joe Crepúsculo. 10 libros y 10 discos que pocos juntarían. Madonna, Apuleyo, El Rey León y Ortega y Gasset. Es un cambio, una puerta, un misterio hacia la luz.
discos:
– la banda sonora del rey leon
– las mejores baladas de Jose Alfredo Jimenez
– el second helping de lynyrd skynrd
– el brother in arms de dire straits
– el nashville skyline del dylan
– el blue true de madonna
– canciones de amor prohibido de bambino
– You are free de cat power
– the charm of the highway de los magnetic fields
– el zuma de neil young
libros:
– las meditaciones del quijote de ortega y gasset
– el fin de la eternidad de isaac asimov
– Las confesiones de San Agustín
– La genealogía de la moral de NIetzsche
– una recopilación de historias de Lovecraft
– 2001 y 2010 de Arthur C clarke
– La conjura de los necios
– la divina comedia de Dante
– El asno de oro de Apuleyo