España no es, por desgracia para los amantes del fútbol y la música, el mejor ejemplo de que se puede apoyar este deporte desde un escenario. El caso de Rosana y su espectacular Quiero estar contigo (aún me pone los pelos de punta) es sólo la punta de lanza de un lamentable panorama que apenas se dignificó con el sentir colchonero de Sabina en aquel himno del centenario del Atlético de Madrid. Sí, su letra era un primor, pero su reunión de hooligans cantantes le hace más himno friki que himno oficial.
En esto, como en muchas cosas (apunte político: ¿alguien se imagina a parlamentarios españoles votando contra leyes presentadas por su propio gobierno?), los ingleses nos llevan siglos de ventaja. No hace falta empezar coreando el You´ll Never Walk Alone con el que los seguidores del Liverpool recuerdan a Gerry & The Peacemakers. Ni siquiera hace falta apelar al éxito masivo y universal de Queen y su We Are The Champions ideal, por otra parte, para coger una jarra de cerveza y coger por el hombro a tu compañero de grada, para que vean que eso de bailar con lágrimas en los ojos también se puede hacer en una grada-.
No, para demostrar que los británicos nos ganan por goleada podemos echar mano de ese
World in Motion que New Order compusieron para el mundial de Italia 90, para una selección inglesa que, pese a no ser de las mejores, sí que llevaba con orgullo su nombre mientras los españoles
los españoles aburríamos con Luis Suárez y nos eliminaba Yugoslavia (cuando aún era Yugoslavia).
Podemos también recordar cómo Oasis adaptaron el
Cum On Feel The Noize de Slade para la Eurocopa en la que los jodidos british eran los anfitriones (España eliminada tras el fallo en penalties de Nadal, que hizo de
Raúl precisamente frente a esos ingleses, en un partido marcado por las mujeres españolas con bigote). En esa misma competición, los Lightining Seeds triunfarona compañados por futbolistas cuy nombre no recuerdo con su Three Lions. ¿Se imaginan llamar a una canción orgullo rojigualda? Hasta a mí me da repelús.
Otros ejemplos terminarán por ponernos de rodillas: los Housemartins titulando futboleramente su London 0-Hull 4; Wedding Present haciendo apología del alcohol y el balón en la portada del insigne Geroge Best (a quien también New order dedicaron una canción) o Primal Scream en un viaje psicotrópico y pelotudo junto a
Irvine Welsh llamado The Big Man And The Scream Meet The Barmy Army Uptown. (Por cierto,
esta web de Primal Scream está en un museo de arte moderno y la verdad es que informar no informa mucho, pero es espectacular.)
Y más anécdotas, como los Saint Etienne, así bautizados en honor al equipo francés.
En la muy futbolera argentina hay muchos himnos de este pelaje, aunque el más emocionante sea el Maradona de Andrés Calamaro.
Aquí en España la cosa ha empezado a dignificarse, pero vamos poco a poco. Si Julio Iglesias fue portero del Madrid y Los Nikis cantaban sin rubor al éxito -aunque en baloncesto, claro-, ahora La Granja cantan aquello de
su jugador favorito era Etóo; La Costa Brava se sumergen en la cara oscura de
El cumpleaños de Ronaldo o Los Planetas plasman su merenguefobia en temazos como
Un Buen Día o
El Artista Madridista. Todas estas últimas canciones dan luz a una sombra casi mordoriana. Hace años lo más que podíamos esperar era el fallido phutbol, de Los Sencillos o que el sello de los discos que cada mes regala
Rockdelux se llame Sinedín en honor al calvo Zidane..
Para el recuerdo queda también el
Vicente del Bosque de El Niño Gusano, o cómo transformar el bigote de un exjugador fondón y futuro entrenador- en un maravilloso cuento lisérgico. O la convicción genuinamente española de la que hacen gala
La Habitación Roja en su “Nunca ganaremos el mundial”, del que extraigo unas frases:
Volverán los días de ingenio,
el mundial que nunca ganaremos,
la fuerza y las noches de miedo,
los clásicos serán siempre modernos.
(…)
Te abrazaré hasta el fin de los tiempos,
seré tu piel, tus mejores momentos.
Un clásico antiguo como un beso
y haré por ti todas las cosas
que nunca hice por mí, sí.
Aunque las calles se derritan,
aunque las flores se marchiten,
aunque pasemos de los treinta
y las derrotas sean eternas.
Pero, saben qué les digo, que los ingleses tendrán mucho de lo que estar orgullosos, pero un deportista español de hecho, el mejor ejemplo de deportista español-, el gran
Perico Delgado, dio nombre a los enormes
The Delgados. ¡Que se chupen esa!