Acabo de escucharme por sexta o séptima vez el disco de Cohete. No más: ayer por la noche recogí el correo pendiente y allí estaba, de momento un cd-r envuelto en la magnífica portada de Diego C. Les hace justicia y define lo que Cohete son: un juego lleno de engranajes y curvas, de vueltas y requiebros, de filosofía (y diseño) 8 bits. Son un grupo Spectrum/Amstrad CPC en una época en la que lo que se llevan son las bandas Mac.
Como muchos de los juegos de aquella época dorada de finales de los 80, Cohete son endiabladamente adictivos y de apariencia simpática, pero difíciles de cojones. Como cualquier título de Dinamic o, peor, de Opera. Uno no podía dejar de estar viciado a maravillas como ‘Goody’ o ‘Navy Moves’, pero nunca se acababa la desazón, ni siquiera jugando.
En música, Cohete son XTC, pero también Patrullero Mancuso. Que alguien traiga de vuelta al pop a ambos grupos es una gran noticia. Que los resucite para gozo y regocijo del panorama musical español es lo más parecido a un milagro. Y que el debut de Cohete llegue en un año como este 2009, cuando han salido discos nacionales tan atípicos como el de Tarántula, el de Anntona, el de Emilio José o el de Joan Miquel Oliver, es casi un acto de justicia histórica. Al final, de tanto pensarlo y retrasarlo, los madrileños han sacado su primer disco justo cuando tocaba.













