Releyendo el otro día uno de los posts que firmó Karpov Shelby hace ya tiempo, me encuentro con unos comentarios que no había visto y que tienen su miga.
Karpov hablaba del split compartido entre Incrucificables y Hello Cuca y recordaba el pasado de los primeros en TCR con tono mítico:
TCR fue, sin duda, un ultimo reflejo de ética y épica absolutas en nuestro panorama. A los únicos a los que hemos visto girando enfrentados a su público de verdad; hubo un año en el que ver los conciertos de TCR era como aquello de ver a Dylan de pelotera permanente con sus acólitos. Pero visto en vez en el Fillmore en clubes y salas pequeñas y llenas de humo, con el mal rollo bien cerca, con todo dicho en nuestro idioma, con nuestras palabras. El año en que todo dejó de ser pop, en concreto.
Karpov explicaba, en los comentarios, el por qué de aquellos enfrentamientos:
Se debió, tal y como lo recuerdo yo, a que a la escena TontiPop no le sentó demasiado bien ni el tono ni las letras de su segundo LP.
Esa misma escena que alabó su primer disco, les volvió la espalda, puso cara de circunstancias y miró o no quiso darse por aludida con lo que se decia en este segundo LP (claras referencias, claras críticas, razones sobradas). Además de un polémico cambio de formación…
En los dos conciertos en pude verles en esa época (con Hello Cuca precisamente uno) el ambiente se podía cortar. Nada que ver con el buen rollito de la época de “un domingo de sol”.
Además la legendaria nota de prensa que les escribió Manolo de Alpino acentuó ese desencuentro con una escena que, entonces no quería ver cómo se dirigía a la autodestrucción. Y sentó muy mal en unos años de trinfalismo infundado, tontería y poca crítica.
Vamos que fue causado por la lucidez e insobornable actitud pop punk del grupo. Un poco como lo de Dylan. Por integridad artística. Sin más, amigo mangas verdes.
Al cabo de año y pico, era Felipe (Fresones, TCR, Cola Jet Set), quien daba su visión de la historia:
No estoy de acuerdo con esa apreciación. Los conciertos polémicos de TCR, de los que vi dos o tres, sucedieron con el primer Lp caliente y el segundo todavía bastante lejos. Había gente que dejaba de hacer algo a esa hora, pagaba una entrada y se encontraba con un grupo chirriante que hacía cosas que no tenían apenas nada que ver con lo que había motivado su asistencia. El cabreo era monumental. A mí me daba igual porque los grupos chirriantes también me gustan y el repertorio pop, por razones evidentes, me lo sabía de memoria.
El artista es muy libre de hacer lo que le dé la gana en cada momento, pero si vas a provocar hay que asumirlo y no cabrearse si al público no le gusta. Algo parecido les sucedió a Autour de Lucie, que la gente les iba a ver por el magnífico Immobile y se encontraban con el Faux Pas, muy diferente (y muy malo, en mi opinión personal), y encima estaban cabreadísimos porque casi todo el público parecía pensar como yo.
Dicho esto, el segundo Lp de TCR también era excelente y desde luego mucho menos chirriante que esos conciertos.
En cuanto a lo de la “integridad artística”, a toro pasado se puede escribir la historia como a uno le apetezca, y no lo digo sólo por TCR.
(…)
En cada momento, se hace lo que se considera mejor para todos, pero el que hace siempre se arriesga a equivocarse, y el acierto o fracaso es difícil de evaluar hasta que ha pasado un tiempo. Yo me equivoqué en muchas cosas con todos los grupos en los que he estado, pero si hubieran salido bien, se contarían como aciertos, y eso no siempre depende de uno.
Tags: TCRCuando salió el segundo Lp, la escena tontipop estaba más muerta que carracuca, y ese disco no tuvo ninguna repercusión.
¿Triunfalismo infundado? Perdonad, pero durante un par de años o tres por lo menos demostramos que hay vida fuera del RDL. Las escenas empiezan y terminan, siempre lo supimos, nos daban por acabados ya antes de empezar y tuvimos una carrera plena de sucesos y emociones, con recuerdos imborrables y amistades duraderas, eso sí, al margen del ghetto indie en el que sólo cuentas los primeros cinco minutos. Que nos quiten lo bailao a muchos de esa época. Giramos España entera dos veces (creo que hablo por muchos), destrozamos para siempre la hegemonía del inglés, y encima conseguimos sin proponérnoslo pero encantados, que los grupos donostiarras, hasta entonces denostados como “ñoñosti”, fueran encumbrados a su merecida categoría de clásicos, por comparación con nostros.

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