Esta noche en la orilla de la playa, uoooo, qué triste estoy, a solas con mis lágrimas mirando tu casa en lo alto de la montaña
Cuando hace un par de meses, El Ruido de la Calle eligió a En La Isla de las Bufandas, de Lidia Damunt como mejor disco del año junto a Ísimos, de Espanto, hablé de lo importante de sus localismos y de cómo habían nacido canciones universales pegadas a lo más particular.
En La Isla de Las Bufandas, en concreto, es/parece ser un disco sobre el Mar Menor. Pero no sobre el que ahora poblamos miles de veraneantes y millones de medusas atraídas por las cálidas aguas y la contaminación humana. No: En la Isla de las bufandas, con el realismo mágico y los westerns por montera, se transporta a los 60, cuando el Mar Menor aún no había conocido el desarrollismo y el turismo.
Bienvenidos al hotel de los corazones rotos
Una casa grande en medio del desierto
Viven a mi alrededor dunas, el viento y una canción.
Lidia le contaba hace no mucho a Roberto Herreros en LaDinamo cómo aprendió a tocar la guitarra:
Siempre he sido autodidacta. Bueno, me compré un libro para aprender a tocar la guitarra, lo vendían por correo en el Disco Play, ya que en La Manga no hay tiendas de discos, ni de música, ni nada. Era de un heavy que se llama Salvador Domínguez.
¿En la jungla de la seis cuerdas?
¡En la jungla de las seis cuerdas, sí! (risas). Que además llevaba una cinta para escuchar. El tío iba horrible en las fotos. Es lo que Alfonso (Hello Cuca) definiría como un “zulla”. El libro era muy fuerte, en plan: “A la guitarra hay que maltratarla, como a una mujer”, y burradas por el estilo. Me cansé pronto de ese libro, pero sí que aprendí algo: hay que poner discos de blues y tocar encima. Y eso fue lo que empecé a hacer.
Puede que En La Isla de las Bufandas nazca justamente de aquellos discos de blues no comprados en La Manga (en La Manga no se venden discos, sólo se vende la verdad, La Verdad). Y puede que también de los recuerdos solamente soñados.
Lidia ha reconocido que tuvo “unos sueños muy gráficos que eran como historias”, quiso “cantarlos y no sabía muy bien cómo”. Uno de ellos terminó convirtiéndose en “Aloes de 50 metros”. Quizás sea cierto eso de que Tormina se le aparece entre sueños para contarle la verdad (” es sólo un periódico de Murcia nada más”).
Y aunque ha pasado el tiempo, yo no lo he visto pasar. Sigo en la playa contigo mirando la puesta de sol.
Y el cielo es un desierto, sólo se escucha tu voz.
Sólo quedan ocho caballitos de mar en el Mar Menor
A Lidia también se le ha podido leer: “muchas veces escribo lo que me gustaría oír a mi en otras canciones”. También que su disco se llama así porque “algunas de las canciones fueron escritas en la isla, y otras antes de llegar a la isla. Es un disco conceptual en ese sentido”.
La cosa es que este disco sólo lo podía haber escrito Lidia, porque ella lleva el Mar Menor, el antiguo, metido en sus sueños y le pidió salir. Y yo cada vez que veo estas fotografías de La Manga de hace 40 años, no puedo dejar de tararear las canciones de Lidia Damunt. Por eso este post.
Tengo curiosidad por saber qué nos tocará ahora, de qué va ese En el cementerio peligroso que se edita el próximo 20 de abril. En la portada, espada en mano y armadura, un dibujo ¿de Lidia? acaba con un monstruo salido del mar y, en lo alto, ‘el palacio hecho de roca’. Dicen que el disco va a tener 30 canciones. ¿Regresará al mito que empezaba a contar en esa canción? Ójala. Auuuuuuuu.






















