Hay cosas de las que uno sabe que tiene que hablar. Tengo pendiente decir algo sobre Junco y Diamante casi desde que Luis Espanto me recriminó (bueno, su tono nunca recrimina): “¿pero no los has oído?” De eso hace más de un año. Seguro. No, no los había oído. Para qué os tengo a vosotros. Pero los escuché.
Y los tengo aún más pendientes desde que Manches Solares agradeciera la mediocridad ajena poniéndose, por fin, a escribir algo sobre la colección de discos casi perfecta que nos ha ido regalando desde hace ya tres años.
Pendientes, pendiente. Y cuando estaba ya a punto de escribir, nada. Primero fue un mes horrible de febrero. Todos los días mi tasks de Gmail (hello, nelouditas) me asaltaba siempre con la misma primera frase: “Junco y Diamante: http://manchessolares.blogspot.com/2009/01/junco-y-diamante.html”. Para evitarlo me pase a Remember The Milk, sin darme cuenta de que el problema era mío y no de la herramienta: si no lo haces, vuelve a ti. Ya lo dijo David Allen hace tiempo.
Junco y Diamante, J y D, Jöel y David, Joe y La Estrella de. Juntos han estado involucrados en la producción más polémica del año, la del Romancero de La Bien Querida. Ya sabéis que a mí no me gusta. O si no lo sabéis, os lo digo ahora: no me convence nada. Suena estruendosa en unas canciones que no se lo merecían. Y, lo que es peor, no hace justicia a la inteligencia musical de David Beef.
Inteligencia que lleva demostrando desde hace tanto tiempo que ya le ha dado para ser disco del año en Rockdelux, para que, después, hayan pasado de él y para que, ahora, vuelva a estar en la memoria de la revista (porque la revista tiene UNA memoria igual que tiene UN gusto, aún a costa de anular a sus críticos o de hacer que todos parezcan el mismo).
Romancero no hace justicia a nada de eso o a mí no me lo parece. Quizás hayan sido las expectativas que otros hinchaban en torno a un disco debut, pero, para mí, el problema reside en cómo “la voz del amor” (Anntona dixit) canta absolutamente desubicada de las canciones que tiene que defender. La música va por un lado y la voz por el otro. Sé que algunos pensáis diferente, pero a mí me parece un movimiento torpe.
Además, me fastidia porque el sonido que le han puesto (y que no le pega) a La Bien Querida es el que sí cuaja en las canciones de Junco y Diamante. De hecho, ella misma cuaja.
Eres amable y acogedora, siempre dispuesta a la conversación.
Fui buscador de brillantes tesoros;
Ya no los quiero, que tú vales más.
‘Alt Penedés‘ es la canción por culpa de la cual nunca podré reconciliarme con Romancero. Porque desde una perspectiva similar, desde una ética parecida, Junco y Diamante llegan a donde no lo hacen las canciones de La Bien Querida. Si alguna vez tuviesen que existir unos Magnetic Fields d’aquí (que no sé que necesidad hay) y tuvieran que hacerse un disco de 69 canciones de amor (que ya tenemos uno), no hablarían de Billie Holliday o del Lower East Side, sino de la vendimia, las albercas y las fiestas patronales. Y sonarían a eso: a vendimias, a albercas, a Sant Jordi venciendo al dragón y recogiendo la rosa de su sangre. Y alguien metería un guitarrazo. Porque sí, que no hace falta explicar las razones.
Eres tan pura cuando me acaricias, tus ojos desprenden la luz esencial
Cuando en San Félix llovía este año, tú me llevaste contigo a bailar.
Junco y Diamante, J&D, son una joya. ‘Solsones‘, otra:
Porque el amor es una forma de idealizar a alguien que aún no has conocido
Y aunque lo sé no puedo evitar jugar, por eso hoy quiero estar contigo
Como les ocurre a los discos de Joe Crepúsculo (en breve caerá otro; yo espero tres o cuatro más en 2009, que ya leímos todos que Joel estaba en paro), como le pasa también al de La Estrella de David (nada sencillo de asimilar, pero ya lo cantaba él: “no es fácil, / esas normas de expulsión las he inventado yo”), Junco y Diamante son cálidos, íntimos y vitales, no sólo pretenden serlo. Son raros, mezclan barbaridades y deberían salir de ellos justamente eso, barbaridades. Pero no, miren, les salen cancionacas. Y las producen bien. Mucho mejor que para otros, al menos de momento.
También hay que decir, en honor a la verdad, que las nuevas canciones de Junco y Diamante (¡ya mismo en su myspace!) son más estruendosas. Como si Extremoduro no se hubieran drogado así como lo hicieron-hacen y en vez de querer tocar rock hubiesen sido una mezcla de charanga de pueblo, orquesta de sesión-vermú y grupo adolescentes de versiones guitarreras de Serrat. O algo así.
Por si no ha quedado claro: en su neo-versión tremendista también molan.





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