
La bebida me sienta fatal, hace un año que escapé del Escorial, pero sigo funcionando mal.
Lo de Los Punsetes clama al cielo: ¿están empeñados en que todos nuestros valores fundamentales deban darnos mal rollo? A mí que me toquen el Escorial me da igual, que eso es para los centralistas, los capitalinos, esa gente rara que de vez en cuando se sube al vasco (si había bajarse al moro, habrá también un subirse al vasco, ¿no?) y, anda, de paso comprueban que Logroño no sólo sirve para hacer rimas fáciles en las teleseries guays.
Que sí, que a mí el Escorial me da igual. Es más, me resulta hasta cierto punto increíble que haya gente que pueda veranear allí. Pero lo de Los Punsetes, en serio, clama al cielo: ¿Tienen que darle esa pátina chungadelavida a cada pequeño acto vital? ¿Incluso al Ron Brugal? ¿Es que no hay nada intocable?
Y es que no puedo evitar pensar en eso dolor estomacal que siempre llega al final
Pues eso, que haciendo uso de los ripios más golosos del pop español, los madrileños nos ponen (¡aún más!) los dientes largos con El Escorial, otra pedazo canción que se puede escuchar en su Myspace.
No, señores, después de ustedes, la resaca ya no es igual. Todo es lounge, menos mi bebida; mi bebida es más bien Lynch.







Si existe el concepto “El Escorial”, para mí es exactamente lo que dice esa canción. No se si en el resto del mundo se hacen una idea de lo liberador que es gritar “¡muerte al Escorial!” para alguien como yo, traumatizada por los veranos pasados en la sierra madrileña.
Los Punsetes, one more time, son lo mejor que hay.