Rapple Dapple – The Greenberry Woods (Los 90 en 200 discos (o casi) que hay que (re)descubrir – Parte XXXVII)

A veces hay que recorrer la historia musical al revés. Uno no puede (ni siquiera debe pretender hacerlo) estar siempre en la línea de fuego, ser el primero en descubrir los discos buenos de verdad. De ello, es bastante más agradable que otros hagan el trabajo por ti y luego te guíen: si no, a [...]

A veces hay que recorrer la historia musical al revés. Uno no puede (ni siquiera debe pretender hacerlo) estar siempre en la línea de fuego, ser el primero en descubrir los discos buenos de verdad. De ello, es bastante más agradable que otros hagan el trabajo por ti y luego te guíen: si no, a veces la búsqueda es casi el fin, en lugar de ser el medio.

Viene esto a cuento de cómo Splitsville y Santo, el siempre amable colaborador de esta página (y amigo), me llevaron hacia atrás desde The Complete Pet Soul hasta Rapple Dapple, uno de los discos más injustamente infravalorados de la década de los 90. Porque de aquel homenaje explícito a los Beatles ya los Beach Boys en forma de power pop de la década del 2000 había que tirar del hilo. El disco y la magnitud de lo que por allí rondaba así lo pedían. Ciertamente, The Complete Pet Soul no era la octava maravilla, pero sí mostraba demasiado talento como para que hubiese surgido de la nada.

Dicen que la imitación es la forma más importante de adulación. Hay algo cierto en ello, algo que, sin embargo, esta fatalmente visto entre los críticos de rock. Y de ello se han aprovechado muchos para hacer del power-pop un género menor, un conjunto de bandas cuyo sonido siempre hay que despachar rápidamente. La canción es déjà vu, todo ya lo hemos oído antes, así no hacemos avanzar a la música, el rock/pop está muerto. Curiosamente, afirman esto quienes luego se rinden ante la canción más facilona y funcional posible. Ojo, que yo no veo mal que lo básico sea alabado (hay puñados y puñados de canciones así que son ESPECTACULARES): lo que me molesta es la falta de coherencia.

Aclaremos, pues, que el powerpop es uno de los géneros con los que más gusta jugar a tirar piedras. Que nadie quiere hablar de canciones de estructura arquetípica y guitarras exaltadas salvo determinadas (y muy escasas) excepciones. Al respecto, es muy interesante la apreciación que Steve Albini le hace a Pablo Gil en su libro “El pop después del fin del pop”:

Hay un cliché generalizado según el cual si escribes una buena canción, todo lo demás es sencillo. O sea, que la composición es lo más importante. Pero si la composición fuera lo más importante, cada vez que vieras a un grupo de versiones adaptando un tema de The Beatles deberías pensar que es fantástico; sin embargo, pensamos que es basura, un completo error. Ese cliché de que todo gira en torno a la canción es, sencillamente, una mierda. Yo creo que el efecto combinado de todo es lo que importa. (…)

Pero mucha música que por estructura es muy similar no me dice absolutamente nada.

Curioso que Albini siga siendo uno de los tipos del negocio con los discursos más certeros y, a la vez, más paradójicos (porque la segunda parte de la frase casi niega a la conclusión de la primera). En fin, otro día hablamos del airado grabador de discos. Quedémonos con el asunto del efecto combinado. Lo que parecen olvidar muchos críticos es que, en el mundo del power pop, también hay bandas buenas y bandas malas. Algunas se quedan en la estructura, en la mémesis (la forma de adulación más importante), y otras llegan al “efecto combinado”. Dan en el clavo. Como Greenberry Woods.

[ad#pequeno-inruidoso]

Nacidos con los 90 en Maryland, los Woods son paradigma del género hasta en su composición: tres compositores con muy buena mano para el pop melancólico (el de las 4 Bs: Beach Boys, Beatles, Byrds, Big Star, pero sobre todo el de estos últimos y bastante poco de los terceros) que duran poco juntos por tensiones. Creo que los únicos que han sabido salvarse del estereotipo son Teenage Fanclub, pero de ellos hablaremos en breve.

En Greenberry Woods tenemos a los gemelos Matt y Brandt Huseman y a Ira Katz, el trío que en el 94 deja una obra maestra, este Rapple Dapple que nos ocupa. Un disco en el que los requiebros de las guitarras de Trampoline comparten espacio con las cuerdas vocales trenzadas y absolutamente conmovedoras de Feels So Strange. Un álbum que en la primera escucha ya te deja con varias canciones enganchadas a tu cerebro, con las melodías vibrando en tu interior y los estribillos pidiéndote que los cantes.

Lo raro de este disco es que, con canciones como I’ll Send A Message no haya conquistado a los fans de Belle & Sebastian. O que los seguidores de David Gedge en Cinerama no le hayan echado un oído a Oh Christine. O que los mismos que ahora se caen rendidos ante los pizpiretos The Lodger (¡qué gran grupo!) no recuerden en ellos las buenas vibraciones de canciones como That’s What She Said.

Pero, sobre todo, lo raro es que la prensa especializada hiciera mucho caso a gente como Matthew Sweet o los mismísimos Posies y nada de nada a The Greenberry Woods. Esperemos que el tiempo ponga las cosas en su sitio. Animemos a la gente de hoy a que recorra la historia musical al revés.

[ad#dentroruidoso]

Tags:

2 Comments

  1. Reverendo Justin Crowe added these pithy words on October 8, 2007 | Permalink

    Pues estos tios tienen un segundo disco (“Big Money item”, 1995, Sire) que es igual de bueno, o mejor, que “Rapple Dapple”. Inspirado, melodico y potente a partes iguales. Si no lo tienes, hazte con él. Para mi supera todo lo posterior con Splitsville.

    Pero puede ser cosa de la edad.

    Saludos.

  2. probertoj added these pithy words on October 9, 2007 | Permalink

    Saludos, Reverendo:

    Cierto, se me olvidó comentar lo de Big Money Item, tan bueno como éste (aunque puestos a reivindicar, me quedo con un debut así). Desde luego, todo en Greenberry Woods me gusta más que lo de Splitsville.

    Lo de la edad, ¿es porque el powerpop ya se te pasó y ahora te has dado al rollo folk hippie, como alguno que conozco?

A day to destroy record companies

Dicen...

TAG CLOUD