…pónmela hasta que se arranquen los cachitos de hierro y cromo
En esa época dorada de la casete el humor fue, junto a la música, la otra rueda que movía las cintas. El descubrimiento de la enorme aceptación que los chistes enlatados tenían entre el gran público llenó de repente los expositores de casetes cómicos de todo tipo, algunos editados con un gusto bizarro que hoy pasmaría al aficionado más freaky. Gila, Eugenio, Arévalo, Paco Gandía, Lussón y Codeso, los Hermanos Calatrava- Durante un tiempo, no había humorista que se asomara a las 625 líneas de la tele y no sacara en breve su consiguiente volumen de chistes, donde abundaba el humor grueso.
“Si no me hubieran estafado, yo hoy podría seguir viviendo de los royaltys de aquellas cintas, porque tuvieron un éxito increíble. Sacábamos un volumen, y en una semana vendíamos 50.000 ejemplares”, recuerda Arévalo, incuestionable rey del invento, orgulloso de los 25 casetes de oro (equivalentes a los discos de oro) que logró en su carrera y de haber firmado la otra cinta que, junto a Los pajaritos, logró subir al podium del millón de copias vendidas: Los chistes verdes de Arévalo (año 1980). “A mí me llamaban el embarazado, porque estaba siempre en cinta”, cuenta jocoso el humorista.
El final del cassette (inexplicablemente conocido en algunas tiendas como si fuera una montaña, K7) en un magnífico reportaje en dos partes visto a través de Perdiendo mi eje.
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