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Febrero aleatorio: Yo le imagino

2 Comments 06 February 2007

Vainica

Sólo a un ipod en modo shuffle se le ocurriría unir a Ministry con Vainica Doble. A mí no me culpen: sé que el eclecticismo mal entendido puede derivar en esto, pero uno no es perfecto. Al menos, no tanto como lo fue el irrepetible dúo, ése del que Jaime de Armiñán acuñó una frase que ha hecho historia y que no por citada deja de ser verdad:

Vainica Doble es algo así como un lujo que no nos merecemos, como tampoco nos merecemos a Quevedo o al Arcipreste de Hita

Yo le imagino es la tercera canción de su casiperfecto Taquicardia, un disco con el que el corazón no va sístole-diástole, sino que se desacompasa al ritmo que ellas quieren. Si en El Niño Inseminado late lleno de esperanza en un futuro a buen seguro complicado, pero también mejor, en La Funcionaria lo hace tan aburrido como la protagonista de esa genial canción. Después, en el tercer cambio de ritmo cardiovascular, llega Yo le imagino, fantasía de flautas y pianos de casero tremendismo.

Incluso entre algunos de sus iniciados, se ve a las Vainica como amas de casa raras. Personalmente, siempre me ha repateado esa definición, por reduccionista: Gloria y Carmen nunca fueron mujeres de hogar, porque uno duda ya hasta de que fueran humanas. El tiempo y su música las han convertido en dos duendes etéreos, capaces de saltar de lo progresivo a los fogones de la cocina, de una flauta a un pastel por terminar, y hacerlo emocionante.

Yo le imagino es ejemplo de que triunfan hasta allá donde el río se convierte en peligroso de vadear. Esto es pop progresivo de tal magnitud, que si lo coge Roger Waters, lo convierte con un par de solos eléctricos (eternos, claro, y hablo de duración) en el último movimiento de The Wall.

Podéis pensar que desvarío, pero no. El cambio que va del minuto 2:25 al 2:55 podría narrar el terror milenario de los pinflois si no fuera porque Carmen y Gloria tenían tanto talento para musicarse como para escribir las letras. Y en los 6 minutos y 50 segundos de Yo le imagino lo que da miedo no es el mundo exterior, sino la vida real. Miedo y mucha sensualidad. Porque esta es un canción de puro deseo, de sexo al rojo vivo, de pasión como la de Jack Nicholson y Jessica Lange el El cartero siempre llama dos veces.

Yo le imagino llegando a nuestra casa, saluda al buen vecino que cuida su jardín y de un salto felino el seto traspasa y, en plan clandestino, me busca, me asusta, me abraza por fin.

Pierdo el resuello ante su amor salvaje, me cuelgo de su cuello y mil besos de miel me abrasan y subyugan, su manos arrugan mi traje de gasa, las mías dejan huellas de grasa en su piel.

Pocas letras han capturado tan bien la intensidad de esos detalles poderosos del sexo. Porque hablar de lo general, si en realidad importa más un tirante caído, una mancha de grasa, las gafas que se empañan, la respiración… Hay ocasiones en las que nada es insignificante.

¿A quién no se le ha ido el santo al cielo en plena actividad laboral importante? A la ama de casa que protagoniza Yo le imagino le ocurre cada día, mientras se ocupa de la repostería casera. Y, como Sísifo, su maldición es llegar casi hasta el final y tener que volver a empezar.

Se me olvidó el pastel, me ocurre cada vez, siempre que vuelve a casa, me ha de sorprender, las manos en la masa del maldito pastel de hojaldre y de pasas que nunca sale bien. LLegando hasta aquí, no puedo ya más que reír ante esta situación. Renuncio a proseguir con mi elucubración. Nos veo a él y a mí en un anuncio de televisión.

Nada es como imaginaba: su marido llega a casa pero no salta setos. Abre la puerta con la llave, se quita los zapatos, se pone una ropa cómoda y se va al sofá. Su vida se mide por etapas rutinarias: ahora se tomará la cerveza y pedirá la cena, pondrá mala cara cuando no tenga postre aunque ya le dé igual y se dormirá con la espalda vuelta. Algo que no se soluciona ni con la doctora Ochoa, ni con Lorena Berdún, ni con el maldito pastel de hojaldre y de pasas.

Yo le presumo sentado en la butaca entre espirales de humo. Se ha despojado ya de su traje de alpaca y luce agresivo batín de judoka, sonrisa profidén en la boca. Los pies de ejecutivo revisten calcetín.

Un lujo del que, por supuesto, no somos dignos.

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2 Comments so far

  1. Luis says:

    Pues el Ipod tendrá modo shuffle, pero lo que no está preparado para asumir estas transiciones es el cerebro humano… ¿no ve que va a terminar usted loco?

  2. miguel says:

    no te empeñes en intentar definir las sensaciones dadas por las Vainica… no se puede. Al final siempre se acaban diciendo cosas raras


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