Discos

1 Comment 06 February 2007

Dotore, el nuevo paraiso

Poco se puede añadir aquí a lo ya magníficamente expuesto por dos plumas dotadas para esto del indie, dos tipos de incansable busqueda underground que nos permiten a otros llegar a tiro hecho. Nos ahorramos gracias a su ir de aquí-a-allá sonoro tragarnos sapos indeseables y, a veces, como hoy, damos con otra piedra filosofal más para apuntalar las escenas de invierno de ese musical underground (y, a veces, ridículo en su guión) que es nuestra vida.

Primero lo contó Mr. T, espectador donostiarra de un secreto tremendo del que habló más de lo que en él es habitual: suele hacerlo cuando la cosa merece la pena. Poco después Karpov volvió a dar el aviso para navegantes, acompañándolo de su lujoso e imparable verbo excesivo.

Para entonces, El Ruido de la Calle ya se había puesto sobreaviso: ¿a ver si va a ser verdad todo lo que se cuenta de este Dotore, proyecto en solitario de un músico, Pablo Martínez Sanromá, talentoso y pleno de emotividad? Recién llegado a nuestras manos, por cortesía de esos Discos Primo que tienen en Rutina a otra de sus joyitas desconocidas (hablaremos, hablaremos de ellos también), Dotore no deja de sonar en el reproductor.

Envuelto en una preciosa presentación de cartón y con sólo 8 canciones, podríamos estar ante el disco del año, de aquí y de allí. Que alguien avise a los lentos y perezosos mandamases de las revistas musicales españoles, que alguien comparta el tesoro con más gente. Aunque apetezca disfrutarlo así, en su pequeñez, el debut de Dotore no merece pasar desapercibido.

Tampoco es que esto vaya a hacerse masivo, no teman: sólo hay 120 copias editadas, pero todas y cada una de ellas se merece el precio que les digan. Ahora es poco, muy poco, una ridiculez para lo que ofrece. No esperen a que el culto crezca, hombres de Dios, sean de los afortunados.

Pero qué es Dotore. Karpov y la Post-Tremolina dan acertadas referencias (Felt, los discos de Cherry Red, los Family más beatnik) pero en Demonios del otro lado del océano hay también ese aire ensoñador y conmocionante que tenían las mejores canciones de Red House Painters. Quizás sea la voz en eco de Hamburgo, con su letra demoledora (Un llanto oscuro me parte esta noche / ahora tendrás que arreglarme otra vez (…) Cosas que han pasado no pueden volver / Hamburgo te odio), quizás las cuerdas íntimamente rasgadas de Bahía, o tal vez Parques de Fiesta, definitiva e impactante (Buscando encontré fortunas ya perdidas / girando en espiral. / Hay algo cambiando en mí / parques de fiesta, chicas delicia / Puede suceder que buscar contigo sea lo mejor / Quiero tener un jardín japonés / aunque tenga problemas para hacerme entender / hablaremos en inglés.)

Elegancia saturada de maestría folk, 8 canciones absolutamente adictivas en su calida desnudez. Y justo ahora que el invierno quiero serlo y que la nieve ya ha aparecido en estas tierras del norte. Los grandes discos llegan justo cuando se les necesita. Enhorabuena.

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1 comment

  1. Trastornat says:

    Bendito el dia que lo recomendaste.

    Casi dos años después, a mi me pasa lo mismo con este disco que a ti con el de La Buena Vida. No puedo compartirlo con nadie. Mío.


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