
Nada mitiga mis sensaciones iniciales. Por más que trato de buscarle asideros, el nuevo disco de Jarvis Cocker se me cae de las manos. Podría decir que me lo esperaba, pero ni por ésas. Que un hombre que ha significado tanto sea capaz de hacer una cosa tan poco sutil entrará siempre en la categoría de lo imprevisible.
Hay dos maneras de mirar este disco: una, sabiendo quién es Jarvis Cocker y perdonándole sus tropezones por lo que hizo; otra, poniéndolo bajo su propia luz, tratando de ver si aguanta el envite. De hecho, hay una tercera forma (no teniendo ni idea de quiénes fueron Pulp) a la que, por suerte para mí, no puedo acceder.
El cuerpo me pide que lo diga sin reparo: Jarvis es todo un tratado de pop adulto contemporáneo. Y esto, que en boca de otros puede sonar a elogios, escrito aquí significa que el primer álbum en solitario de Jarvis es un disco hinchado, fracasado, soso y pretendidamente universal y/o atemporal.
Hortera (él con ese apelativo, manda huevos) en la ya conocida Don´t Let Him Waste Your Time (donde antes lindaba con el glam, ahora se pone los peores trajes de aquella época), a ratos tan divertido en sus excesos como los últimos Flaming Lips (Black Magic), pero en general muy, muy aburrido, Jarvis es, una vez más, el ejemplo de que los años no pasan en balde.
Hombre, Heavy Weather podría colcoarse al lado de The Birds In Your Garden (de We Love Life), pero ¿al lado de qué ponen algo tan soso y kissfmeable como I Will Kill Again? Y, sí, acepto que Baby´s Coming Back To Me, con su delicada producción, es una de las canciones del año y uno de los ejercicios lacrimógenos más efectivos de los últimos tiempos, pero ¿cómo aguantarle la franzferdinada sin gusto que es Fat Children?
From A To I, Disney Time, Julie o Quantum Theory son baladas coñazo que si las editan Coldplay te partirías el pecho a su costa. Lo de Tonite, visto lo visto, puede hasta molar, pero cómo estará la cosa que la mejor canción resulta ser la ya conocida Running The World.
Todo es un engaño. Que Jarvis Cocker pretenda ir de hombre adulto, preocupado por los grandes temas del mundo, cuando de siempre hemos sabido que lo suyo eran las relaciones personales, ese puntito de ironía, esa capacidad para reírse de las bragas de las demás y de su propia ropa interior… buff. ¿De verdad necesitamos a alguien (a otro más?) que nos diga que los capullos gobiernan el mundo cuando podrían continuar educándonos sobre por qué nuestra vida sigue siendo como malos telefilmes?
“Que no, que no es un desastre, que sigue teniendo ganchos, que en el fondo es una continuación de su evolución en Pulp”, diran los optimistas. Con permiso: y una mierda. Si quieren algo así, argumentos de madurez artística enmarscarando el vacío, pidánselo a, yo que sé, al jodido Sting, al puto Phil Collins. Pidánselo también a ese último Leonard Cohen que arrastra su intachable carrera en discos intrascendentes. O a esos R.E.M. que aburren como una ostra incluso a sus fans menos críticos. De sus discos malos, de los de todos ellos, anda cerquita este Jarvis.
Si quieren, disfruten de Jarvis con autoengaños, pero a mí dejenme en paz. Que cualquier descarte, ¡cualquiera!, de los discos de Pulp que ahora se reeditan (His´n´Hers, Different Class, This Is Hardcore) vale por todo este disco. Y eso es una puñalada en la espalda. Directo a la papelera de reciclaje, que no merece ni los 80 megas que ocupa.
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