
Joe Sacco me ganó por su afán periodístico en Palestina. Era agradable saber que detrás de su estilo caricaturesco y algo personalista, se encontraban trazos de un realidad compleja que Sacco sabía ver bien y que transmitía al lector sin, aparentemente, mucho esfuerzo. Cuando leí que Joe Sacco iba a publicar en España un libro recopilando sus historias sobre el mundo del rock, no pudo menos que alegrarme.
Claro que nadie me había avisado de que las historias que iban a formar parte de “El Rock y Yo” formaban parte de su aprendizaje juvenil, una época en la que Joe Sacco era fanático del rock, pero guardaba las distancias respecto a los usos y costumbres del estilo.
No es fácil decir algo nuevo cuando se quiere caricaturizar la vida del músico melenudo. This Is Spinal Tap sólo hay una y nada podrá ejemplificar mejor la tontería de muchos músicos que ese amplificador que llegaba al once. El Rock y Yo intenta algo parecido: se va de gira con un grupo de rock por toda europa y tratar de narrar en historias cortas qué hay detrás de todo eso.
Y, vale, ya sabemos que no hay nada, pero hasta el vacío también es necesario contarlo con gracia para que llegue al lector. Sacco lo consigue en pocas ocasiones. En la mayoría, El Rock y yo es una sucesión de desafortunadas e inconexas viñetas que buscan el chiste tratando de enmascararlo. Como si Eugenio se ocultase detrás de la cara de Pedro Erquicia. No funcionaría, ¿verdad?
El dibujo exagerado, que en ocasiones recuerda al Peter Bagge de Odio, ayuda a marcar el tono, pero no es suficiente. La ausencia de foco y, sobre todo, de sentimiento dejan El Rock y Yo en una obra menor no ya de Sacco, sino de la comedia-rock.
Por supuesto, hay momentos brillantes, principalmente cuando Sacco entra de lleno a analizar su relación con la música: Cuando cuenta por qué no es capaz de disfrutar de un concierto de los Rolling siendo fan, cuando le dedica puyas al periodismo musical o cuando se da un paseo realista por el blues del Delta del Mississippi. Curiosamente, me quedo de este comic con los momentos en los que Sacco no quiere ser gracioso, en los que simplemente se limita a ser él.
Y es una lástima, porque tras una (ligera, facilísima) lectura de El Rock y Yo, te das cuenta de que no hay verdadera chicha. Será que Sacco era muy joven o que, como él dice, “el mundo es injusto”. Tendremos que esperar a que Luis Bustos recopile todas las viñetas mensuales que dibuja en la Rockdelux para reirnos de verdad de todas las manías de músicos, aficionados o críticos.
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