
La luna bajo el agua en el verano indio. Si quieres ocupar europa, permanece en la luz. Y no lo dudes más, él es tu hombre.
21. Jamboree Beat Happening
Los 90 fueron el crisol donde desembocaron todas las músicas anteriores, aunque poco quedó más allá del revival. Sin embargo, el caldo de cultivo lo pusieron los 80. Sólo así se entiende que en plena época de la experimentación artie, el pop hortera y recargado o el hair rock, pudieran surgir grupos tan primitivos como esta célula independiente que nació en Olympia de la mano de Calvin Johnson. Jamboree es un disco que recoge el rock que se escondía en los garages norteamericanos a finales de los 50 para unirlo con el desastre absoluto pero encantador de The Shaggs. Un grupo capaz de cantar a capella 58 segundos de placer (Ask Me) y después dar una lección de hard rock en un minuto y 18 segundos (Crashing Through) debería existir en cada década, para poner las cosas claras. No siempre se necesitan ayudas externas: a veces el talento es tan puro que consigue brillar incluso en los lugares más recónditos. Volveremos a nuestro verano indio.
20. Jane From Ocuppied Europe Swell Maps (1980)
Niki Sudden y Epic Soundtracks, hermanos de sangre, ya se han marchado de nuestras vidas. El segundo hace mucho tiempo, el primero este año. Y, aunque hayan pasado más de un cuarto de siglo desde la aparición de su esencial segundo disco, pocas cosas han cambiado para ellos en relación a la fama. Mientras otros cardan la lana del post-punk, Swell Maps siguen siendo los grandes desconocidos del rock más experimental y más ruidoso. Ni siquiera la llegada de Pavement en los 90, grupo que debe tener en un altar los discos de Swell Maps y que logró imitar (o recoger) esa locura capaz de componer grandes canciones pop, ha servido para mitigar una de las grandes injusticias de la historia de la música. Si su debut a finales de los 70, A Trip To Marineville, utilizaba la sencillez del punk para crear rock artístico, con actitud, conciencia y buenas letras, el segundo asalto de Swell Maps está a la altura de una obra mítica y ahonda aún más en la búsqueda de la extraña canción rock perfecta. La intensidad y la euforia de The Helicopter Spies, la apertura ambient rock de Robot Factory, el sonido resquebrajado e improvisado de Big Maz In The Desert (del que Sonic Youth sacaron buenas lecciones, a juzgar por los elogios que siempre han derramado sobre los Maps), la gloria post-punk de Big Empty Field o de Let´s Buy A Bridge. Jamás la música avanzada sonó tan accesible. Tengo que decirlo: oír a los Swell Maps fue una iluminación. Hermanos, seguid el camino.
19. Remain In Light Talking Heads
El collage perfecto de los 80, con permiso de Prince. Música de negros tocada por blancos y para públicos de todos los colores. O cómo divertirte en una pista de baile y, a la vez, recibir mensajes muy poco hedonistas (¿o es que no es Once in a Lifetime la mejor radiografía del vacio existencial provocado por el consumismo?). Gran parte la música posterior debe mucho a los Talking Heads, bendita anomalía que ni ellos mismos supieron desarrollar en solitario. En un disco que prescinde de la estructura básica del pop para abandonarse al ritmo (25 años antes de que !!! volvieran con las misma ideas, pero más empanados), los 6 minutos y medio de paranoia sonora de The Great Curve (solo final de guitarra incluido) son una bendición. Y tal vez como reflejo de que la fiesta tribal también rinde tributo a la oscuridad, Remain In Light se adentra en su segunda parte en una noche perturbadora. Y así, David Byrne es capaz de hacer de Ian Curtis en la canción que cierra Remain In Light, The Overload. De luz, nada.
18. I´m Your Man Leonard Cohen (1988)
El Dandy (así, con la primera de mayúscula) nos ha regalado un gran disco, un disco enorme, en las últimas cuatro décadas y yo aún espero que su senectud y su tranquilidad budista no le impidan rehacerse de los dos últimos fiascos y dejé también una obra maestra en la primera del nuevo milenio. De momento, regresar al disco en el que el cantautor canadiense cambió la guitarra por los teclados y la caja de ritmos es siempre un placer. No podía ser menos cada vez que destapas el tarro de las esencias y te encuentras con que nada (ni siquiera el saxo de Ain´t no Cure for Love), nada sobra. Apunten títulso a la lista de grandes canciones: Everybody Knows, Tower Of Song (recuerdo la versión mortecina de Jesus & Mary Chain), First We Take Manhattan, I´m Your Man, Take This Waltz, I Can´t Forget
Si acaso, hace unos años hubiera dejado fuera del saco Jazz Police, pero ahora me gusta ese tono apocalíptico, como de American Psycho, que desprende. Para rematar la faena, aquí están las letras más lúcidas de uno de los poetas del rock. Si se queda tan atrás, es por culpa de una época de desapego coheniano causado por la escucha de sus dos últimas obras. Por eso no funcionan las listas, porque otros recuerdos interfieren en la idea principal.
17. Underwater Moonlight Soft Boys (1980)
La piedra filosofal del pop underground de los años 80 y el disco más influyente de todo el power pop (con permiso de The Beat). Fieles a las 4 grandes B´s de la historia de la música (Beatles, Beach Boys, Byrds y Big Star), Robyn Hitchcock y los suyos nos legaron el conjunto perfecto de eso que algunos llaman canciones afiladas. O lo que es lo mismo, tocar himnos pop (todos los temas de Underwater Moonlight son tarareables) de una manera más rockera que otra cosa. Mucho más importante que todo lo más publicitado de este disco, ese toque psicodélico tan especial, es la euforia que te traslada esta catedral del pop con guitarras. Piensen, así a bote pronto, cuantos grupos de más allá de 1980 encajan en esa definición (pop con guitarras); escuchen Underwater Moonlight y ahora vuelvan a pensar en ellos y cuéntenme si suenan tan frescos como antes.
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