
La experiencia sonora más turbadora del año (de muchos años, incluso) y una joya que necesita tiempo para ser entendida, disfrutada y paladeada. Para conocerla, no. Porque no importa cuántas veces escuches The Drift: siempre encuentras algo nuevo, una sorpresa, otro susto.
Digo susto y lo ratifico. The Drift es un disco terrorífico por su sonido, por su concepto y por su ausencia de relación con ningún otro artista contemporáneo. Cuenta Ignacio Juliá en su crítica del disco en la Ruta 66 especial verano que en su casa no se lo dejan escuchar más que cuando está solo. Dice también que The Drift es un disco “para escuchar a oscuras y a todo volumen” y tampoco miente, sólo que hay que tener el corazón muy a prueba de bombas antes de pasar por una experiencia así, porque las personas sensibles corren el riesgo de morir de miedo.
The Drift es una obra especial desde su primer segundo. Para los que aún esperan el regreso del Scott Walker de la primera época en solitario, Cossacks Are derriba por completo esas expectativas. Igual de experimental que en Tilt, pero mucho más básico y oscuro, Walker se hace acompañar de guitarra, bajo y batería y canta como un crooner al borde de la locura. Es la bisagra a un mundo fascinante.
Le sigue Clara , con la amante de Mussolini como hilo conductor de un hechizo de magia negra, diez minutos extraños, ajenos a todo estilo, que atrapan al oyente sin que éste sea capaz de explicar qué hay de bueno en lo que ha escuchado.
Ésa es una de las grandes virtudes de The Drift. Claro que es un disco rarísimo, claro que es difícil de escuchar. Pero cuando lo dejas, incluso cuando no eres capaz de pasar de la tercera canción, al cabo de un rato vuelves a pensar en él, en sus melodías (un poco como ocurre con Liars).
Hacía tiempo que nadie creaba una atmósfera tan densa como la de The Drift, un arrollador torbellino de emociones que brilla por sus canciones y por sus detalles. No hay estribillos, porque esto no es un disco pop, pero hay miles de cosas que recordar: en Jesse, las sombras que se escuchan en segundo plano; en Jolson and Jones el asno que te da pesadillas cuando rebuzna; en Cue, el juego de subidas y bajadas y los coros de brujas (Mogwai a la altura del barro); en Hand Me Ups, la potencia descontrolada (sacando los colores a la supuesta violencia del numetal); En The Escape, el pato Donald poseído por su infierno personal…
“Sugestión”, la palabra que la música de hoy en día ha dejado apartada entre la emotividad forzada, la épica a todo trapo y los grandes gestos vacío. “Sugestión” es la palabra que recupera The Drift, el disco que (junto al último de Robert Wyatt) debe redefinir el modo en que recibimos las últimas obras de los artistas clásicos: ¿Me oyes, Leonard Cohen? ¿Ves como es posible seguir manteniendo la creatividad y el riesgo a flor de piel y no ser simplemente el pálido reflejo de uno mismo?
Háganse un favor: recojan la piedra que Scott Walker nos ha lanzado a la cabeza y síganse golpeando con ella hasta el final. La recompensa no será escasa.
Tags: Scott Walker
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