(Déjenme que les cuente un cotilleo riojano que me reconcome)
La vida de un columnista de opinión es dura, sobre todo cuando no se dedica plenamente a ello. Tiene que sacar ratos libres de entre sus trabajos para poder acudir a su cita semanal con los lectores. Tiene, además, que mostrarse ágil en sus pensamientos y punzante en sus palabras. Más aún cuando se es cercana a un partido que gobernó pero no gobierna en España y que gobierna pero dicen que anda desesperado porque no gobernará en La Rioja.
La presión se hace insoportable, se sube (como el garrafón) rápidamente a la cabeza y te obliga a sacar ideas de cualquier sitio. El columnista de opinión piensa google y le dan ganas de hablar de, por ejemplo, machismo. Y, de repente, encuentra esta dirección, rebusca entre sus artículos y se dice ¿Quién será Betty Aronson? No me suena de nada. La idea es buenísima, creo que no podría mejorarla y decide reciclarla. Al fin y al cabo, está en Google y ¿no se pasan los jóvenes de los blogs todo el día diciéndonos que compartir es vivir, que se necesitan nuevos sistemas para gestionar los derechos? ¿Copyleft? Pues toma Copy (control+c) y toma Left (control+v)”.
El columnista de opinión se queda satisfecho. Manda el artículo al periódico local y se olvida de ello. Los del rotativo lo leen, lo imprimen en su edición normal, lo meten en la digital y, además, le dan otro aire colgándolo en un blog: se han puesto de moda, qué más quieren que les diga. Hay que tener la opinión en internet. Si no, ¿de qué iba a estar yo aquí?
Mira que la columnista de opinión lo hubiese tenido fácil. Si hubiera tenido un blog de verdad, le hubiera bastado con hacer un simple “vía” y ya tenía el artículo del día hecho. Si hasta los bloggers más famosos lo hacen. De hecho, algunos han hecho de la cita y el “visto en” un verdadero arte. Es totalmente lícito.
Pues sí, miren que la columnista no tendría que haberse metido en estos fregados. ¿Le pudo la vanidad? Bueno, quizás sólo fue el síndrome de la hoja en blanco elevado al cubo digital. Pero si hasta a Ana Rosa se lo perdonamos todo
¡Qué mala suerte que le pillaran! Pero sobre todo, qué mala suerte que al periódico le pillaran. Porque, al ver que la columnista no tenía justificación, y que los comentarios de su blog iban subiendo de tono, y que el tongo comenzaba a oler como el vertedero de Logroño, las altas esferas del diario decidieron (¡magia!) convertirse en Houdini: nada por aquí, nada por allá y la página que contenía todo, desaparecida. Ni a Harry Potter se le hubiese ocurrido un truco mejor, aunque esa defensa a ultranza de sus propios colaboradores deja en entredicho la independencia del diario. Quizás es que en provincias los medios sí que se hacen responsables de las opiniones de sus colaboradores. O tal vez que con las miserias al aire se está más fresquito en esta calurosa previa de verano.
(Por cierto, qué penita de profesión la mía, y qué penita de gestores de medios de comunicación.)
Tags: opinión, Periodismo
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