
La de Mogwai, a pesar de su fama, nunca me ha parecido una música excesivamente intelectual, sino más sensorial y en sus momentos más imprescidibles (bastantes a lo largo de su ya abultada discografía) tremendamente sentimental y muy evocativa. Claro que ya se sabe cuál es el riesgo de elegir ese camino musical.
Acercarse peligrosamente al nuevo concepto de new age que proponen Sigur Ros (lo pinten como lo pinten, a mí me suena siempre a eso), fue lo peor que hicieron los escoceses. Happy Songs For Happy People supuso un bajonazo claro en la carrera de Mogwai que ahora regresan con su nuevo disco, Mr. Beast. Su trabajo reciente no alcanza la altura de Rock Action, pero sí iguala muchos de sus buenos momentos.
Parte de la clave del éxito de Mr. Beast es su perfecta secuenciación, que no deja ni un segundo de aburrimiento al oyente. Auto-Rock, con su crescendo ‘arreglado’, es la perfecta puerta de entrada a un edificio que explota en la metálica Glasgow Mega-Snake y se clama con Acid Food y sus vapores country.
Tres canciones necesita Mr. Beast para poner sobre la mesa las tres grandes facetas de mogwai, que luego se van repitiendo y/o mezclando en una colección de temas magnífica. Tirando de épica con voces a lo Mark Kozelek (Travel Is Dangerous), apuntalando las canciones con un feedback que aparece en los momentos justos (esto ya no es electricidad a chorro) y, sobre todo, con la tranquilidad que les da haber aprendido que una canción suya no necesita de las largas distancias para apabullar (casi todos los temas se mantienen en una media de 4 minutos), Mogwai consiguen otro disco de referencia.
Si eres de los que aún no se ha conciliado con ellos, Mr. Beast es una magnífica oportunidad para que sepas de una vez que parte del mejor rock del final de un milenio y del principio del siguiente se ace en Glasgow. Y para muestra, Friend Of The Night.
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