
Imaginen este lugar: Al menos una vez al año hay una semana en la que las temperaturas no suben de 20 grados bajo cero. De hecho, allí se puede pasear bajo el sol a pleno mediodía, sin rastro de nubes, por un campo helado que está a 40 grados bajo cero. En semejantes condiciones de vida, sólo hay dos opciones que se puedan escoger: o uno se dedica a hacer la mayor cantidad de cosas lo más rápido posible para calentarse o bien se tumba en el suelo y se hiberna como los osos, manteniendo bajo mínimos las pulsaciones del corazón. Si todos somos nosotros y nuestras circunstancias, bienvenidos a las circunstancias de LOW. Ellos eligieron la segunda opción.
Han sido calificados de “depresivos” mil millones de veces. Su música ha acompañado los bajones de unos cuantos puñados de aficionados al rock de los 90 y crítica y medios les han etiquetado de máximos exponentes del slowcore. En sus propias palabras, Low decidieron juntarse en 1993 con un solo objetivo: “probar algo diferente y ver hasta dónde podíamos llegar”. En plena cuesta de bajada del grunge, su prueba les llevó por los mismos derroteros que habían transitado antes Codeine: estructuras reducidas al mínimo, acordes extendidos hasta el límite y la música transmitida mediante el susurro. Todo ello les ha bastado para cumplir más de una década en la escena musical y para brindar algunas de las canciones más dolorosamente brillantes de los últimos tiempos.

Presentémosles. Mimi Parker -batería y percusiones, voz de oro también- y Alan Sparhawk -guitarrista al ralentí, garganta salida de un coro de iglesia- llevaban ya unos años casados cuando decidieron coger al toro por los cuernos y crear su grupo definitivo. Antes habían dado tumbos por la escena underground de Minnesota en grupos de muy distinto pelaje. Necesitaban a un bajista y eligieron a un viejo conocido, John Nichols. Se bautizaron como “LOW” -”intenté ser lo más descriptivo posible”, dijo Alan Sparhawk hace unos años- y en su casa de Duluth grabaron su primera maqueta, con dos canciones como “lullaby” y “cut”, que anticipaban los rasgos posteriores del grupo.
La cinta comenzó a recorrer algunas discográficas como Dischord, que la rechazaron amablemente, hasta que cayó en manos de Kramer, geniecillo en la sombra de Galaxie 500. Alan era un gran fan de ese frupo y pensó que le podía interesar. No se equivocaba. El productor que los aficionados españoles pueden oír en el primer disco de Sr. Chinarro, en el Tongues de Beef y en el Adiós de Paperhouse- les invitó a grabar dos canciones y después las pasó al sello Vernon Yard. En poco tiempo, Low ya tenían productor y también la primera losa de su carrera: les costaría 3 discos alejarse definitivamente de la sombra de Galaxie 500.

La culpa la tuvo un brillante primer album, I Could Live in Hope, grabado en 1994. Kramer impuso su estilo, rellenó todos los silencios con reverbs y demás trucos tan del gusto del productor y en aquel momento aquello pareció amplificar las cualidades del grupo. Las canciones de su primera maqueta se presentaban ya relucientes, había nuevos clásicos como Lazy, y la crítica les acogió sin recelo, aunque tirando de sonidos reconocibles: les compararon con Cowboy Junkies, con Slowdive o -cómo no- con el “On Fire” de Galaxie 500. También se comenzó a ver en Low a los epítomes de la depresión. Canciones como Rope -”Vas a necesitar más / no me pidas que golpee la silla que estaba a tus pies”- ayudaban a la imagen de trovadores del desconsuelo. Sin embargo, nadie pareció darse cuenta de que la dulzura de aquellas voces entrelazadas daba para mucho más.

Antes de que se grabe el segundo disco, Low cambian de alineación. John Nichols hace honor a los tópicos del rock y, cansado de salir de gira, abandona. Ocupa su puesto Zak Sally, viejo conocido de la banda, con quien Alan había comandado un grupo que hacía versiones de “Bela Lugosi´s Dead” de Bauhaus o “Sister Ray” de la Velvet. Desde entonces, Zak Sally se convertirá en pieza fundamental del grupo y apoyo fundamental de un matrimonio rockero. “Más allá de que no tengo que abandonar a mi mujer cada vez que salgo de gira, no hay nada de especial en estar casados y tener una banda. Mucha gente cree que al estar casados, Zak sólo cubre el expediente al bajo, pero no es así en absoluto. No sólo toca sus acordes, sino que se involucra en cómo tocamos nosotros o en cómo cantamos”, contaba Alan en sus primeros años de carrera.
Con Zak al bajo, el grupo comienza a coger nombre gracias a un magnífica versión de Joy Division, “Transmission”, incluída en el tributo “A means to an end” y que da nombre a un EP de Low. Esta canción abre una larga lista de versiones realizadas por los de Duluth, que incluyen un tributo a su paisano Dylan -”Blowin´in the wind”, unos Beach Boys convertidos en cantantes de nanas -Surfer Girl”- o los Bee Gees -”I Started a Joke”-. La mayor parte de ellas están recogidas en el recopilatorio “A lifetime of temporary relief”, donde también vienen las tres más escalofriantes versiones de Low: “Last Nigt I Dream…” de los Smiths, “Lord can your hear me” de Spacemen 3 y “Fearless” de Pink Floyd, capaces de convencer por sí mismas de que Low son un grupo con magia.
A Primera división

La entrada en el estudio se hace una vez más con Kramer a los bandos. El segundo disco de Low, “Long division” (1995) pule los errores del anterior y se queda en la gema más brillante del slowcore puro. Los sonidos se espacian aún más, las notas no se dan paso en sucesiones de acordes, sino que suenan, languidecen, mueren y finalmente son sustituidas por otras. Y ahora sí, Low se creen sus papeles de propagandistas de la depresión y los trasladan a las letras. El disco se abre con la frase “Te presté mi diccionario favorito y me lo devolviste con las páginas rasgadas” y transita por lugares nocturnos y calles a media luz. Es un conjunto de canciones para escuchar por la noche y también el primer disco redondo de Low.

Para 1996, Low dan un pequeño giro a su carrera. Abandonan a Kramer y se meten en el estudio con Steve Fisk para dar formar a -otro gran título- The Curtain Hits The Cast. La primera sensación de este disco es que la formula, más allá de 3 ó 4 canciones excelentes, está casi agotada. Es un trabajo continuista en esencia, algo cojo en el resultado final y que yerra en su minimalismo. Funciona en mom says -demoledor verso final para el cuento infantil, “mamá dice que nosotros arruinamos su cuerpo”- pero aburre en coattatils, standby o laugh. El experimento post-rock de Do you know how to waltz? no pasa de discreto y si algo salva a The Curtain de ser un mal disco son sus canciones más brillantes: los juegos vocales y el desarrollo final de “over the ocean”, “the plan” o, sobre todo, la emoción pura y dura de “stars gone out” que enlaza con el desencanto máximo “Same”: “estoy cansado de levantarme con las mismas ropas y los mismos agujeros en mi piel, con las mismas notas, el mismo pelo y las mismas palabras para las mismas canciones en mi cabeza”. ¿Habían entrado Low en una crisis creativa?

Nunca lo sabremos, porque en vez de quedarse quietos, Low editaron en 1997 un Ep que habría de cambiar totalmente su música: “Songs for a dead Pilot”, con el que además se mudaron de Vernon Yard a Kranky, casa de supuestos genios como Godspeed You Black Emperor!. En 6 canciones, Low se hacen diferentes, pero manteniendo la esencia. Abre la experimental y casi fantasmagórica versión de “Will the night” y “Condescend” muestra que Low ya pueden dejar entrar en sus canciones una emocionante sección de cuerda. “Born by the wires” son trece minutos excesivos que emparentan con el pasado mas soporífero pero “Be there”, con su hammond omnipresente y su pesada percusión, es el caramelo del EP y también el camino del futuro. La crítica comienza a caer definitivamente rendida a sus pies y Low se convierten en la gran esperanza comercial de un género que no se caracteriza por sus millones de seguidores.
CON ALBINI

En 1999, Low publican Secret Name. El disco se abre con I remember, cuya versión en single muy a lo Joy Division´, según sus propias palabras- ha sido felizmente recuperada por la recopilación de rarezas de 2004. Los cambios sustanciales que se intuían se hacen realidad en el nuevo disco: últimamente, de lo que se trata es de empujarnos a nosotros mismos más allá de nuestros límites. Habíamos creado un sonido característico, pero había que seguir más allá. Creo que las cosas más interesantes son las nuevas texturas y formas de crear, confesaba Alan Sparhawk por aquella época. Low suenan más dulces en canciones como “Starfire” o “Inmune”, amplían el número de instrumentos, canciones como “Weight of the water” parecen copiadas de una cajita de música, y en “Don´t understand” el loop inicial da paso a una pesada percusión: los Low de siempre, los que gustan a sus fans, pero con detalles mucho más trabajados. En definitiva, en Secret Name Low se muestran como un grupo más versátil de lo que la etiqueta slowcore pudiera hacer prever. Sin embargo, el disco era menos sorprendente de lo esperado, aunque ahora puede servir como la mejor entrada a su mundo.

El definitivo golpe de timón, el que les encumbra como compositores y el que supone su despegue definitivo hacia el estrellato underground, se encuentra entre las cenizas. Se alían con Steve Albini, que llevaba mucho tiempo queriendo trabajar con ellos, y dan forma a Things We Lost in the Fire. Continúan aumentando su dulzura, gracias a juegos vocales que cada vez miran más fijamente a los años 60, y en especial a Simon & Garfunkel. Mantienen sus características básicas en canciones como Whitetail, aunque la producción de Albini permite contemplar los detalles de más cerca: las cuerdas que se rasgan en ese mismo tema, la pesada percusión de una grandísima Dinosaur Act o la atmósfera minimalista y triste, pero dulce, de Laser Beam. En este disco todas las cosas están en su sitio y esta vez Low ni siquiera alargan sus canciones más de lo debido. Gracias a ello dejan cumbres como Like a forest o In Metal, esta última coronada por una letra demoledora sobre los recién nacidos: En parte odio verte crecer y me gustaría, como hago con tus pequeños zapatos de bebé, conservar tu cuerpo en metal. Todo un homenaje al hijo de Alan y Mimi, el encargado de cerrar el disco con su balbuceo.

Un año después de su cumbre, Low se despiden de Albini, se encierran en una iglesia de Duluth y allí graba su siguiente disco, Trust, una obra de contrastes. El inicio es sensacional, con la plegaria That´s How You Sing Amazing Grace, apasionante crescendo en el que Alan y Mimi vuelven a demostrar su capacidad vocal para emocionar y que desemboca en la electricidad a chorro de Canada, o Low jugando a ser Yo La Tengo -o, visto desde el presente, Low anticipando su siguiente disco-. Lo más indie que hayan escrito, Canada les pone en lo más alto de las listas de aquel año. Otras canciones, como In the drugs, The last snowstorm of the year o La la la song, convierten a Low en un grupo de folk tradicional. En una entrevista a esta misma revista realizada por Ignacio Julià, Alan confesó que el tema del disco es ¡te quedan cinco minutos de vida, dinos lo que sabes!. Aunque haya voces discordantes, Trust supone otra cima en la carrera de Low y, sobre todo, constata su capacidad para alejarse de su estilo sin perder ni un ápice de encanto.

Y esa afirmación nos coloca en 2005, ante The Great Destroyer. Desde unos meses antes de su salida al mercado, Low habían manifestado su intención de explorar su vertiente eléctrica y aparcar los ritmos mortecinos. Con Dave Fridmann a los mandos pero sin hacerse con todo el control, Mimi, Alan y Zak entregan su disco más pop. Canciones como California o Just Stand Back podrían sonar en la cualquier radio comercial si ésta recuperase el gusto por el rock y las guitarras. Otras, como Everybody´s song, demuestran una fuerza rockera que muchos no habíamos previsto. Y todas, absolutamente todas las que componen el disco, relucen con el brillo de los discos geniales. Es el último paso de una carrera intachable y de necesario conocimiento para quienes piensan que el rock no tiene por qué desarrollarse siempre a la máxima velocidad posible.
DESPIECE:
Aparte de sus discos largos, Low también han grabado varios eps nada despreciables, porque permiten ver otras facetas de su carrera. Además de Transmisión, que les sirvió para darse a conocer en todo el mundo, y Songs for a Dead Pilot, Low grabaron en 1999 Christmas, dedicado como es obvio a la Navidad. Versiones y canciones propias en un artefacto delicioso para recibir a los invitados en Nochebuena, que se verán sorprendidos por unos villancicos algo diferentes. Ese mismo año se encierran con The Dirty Three en un estudio holandés, invitados por el sello Konkurrent para su serie In The Fishtank, que une a diversos grupos con la idea de que improvisen un disco en dos días. Las imágenes de ese encuentro quedan resumidas en el DVD editado recientemente junto al recopilatorio A lifetime . En media hora, las dos bandas se compenetran perfectamente y paren algunas de las canciones más hermosas de sus respectivas discografías. El último ep reseñable es Bombscare, en el que Low se unen a la banda de electrónica experimental Spring Heel Jack para crear 16 minutos de música que se hacen cortos y te obligan a preguntarte por qué no unieron para un disco entero. Cuatro canciones que suenan como extrañas y bellas nanas donde cobran especial protagonismo las voces de Mimi y Alan. Una obligación que hoy se puede conseguir gracias a Internet.
(Retrospectiva publicada en Ruta 66, mayo de 2005)
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Tags: Discografías, Low
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