Antonio Luque siempre ha estado dotado de una magia especial, como músico y como letrista. Todos sus acercamientos al pop normal han estado repletos de arreglos desconcertantes o letras que eran pura poesía. Ahora, huyendo de Acuarela para caer de bruces en el sello de Los Planetas, se ha rodeado de amigos, ha reclutado a figuras del flamenco para que canten con él (¡Enrique Morente!) y a dejado que J., líder planetero, se encargue de la producción. Todo ello ha dado como resultado un disco que desconcierta a la primera escucha, pero que va ganando empaque con el tiempo. A veces, de tan accesible y tan flamenquito como se ha puesto, Luque parece El último de la fila, y supongo que tan poco era ésa la intención. Otras, en su extraño fraseo al cantar extraño porque en este disco ¡canta bien!-, casi llega a parecer Aute, como a la altura de Morado. Sin embargo, los pequeños detalles negativos son más fruto de la sorpresa que de un mal disco. Las guitarras de El peor poema, vibrantes, la fábula cornuda de Remordimientos, con unos magníficos arreglos de cuerda, o la melodía radiante de El Rayo Verde son magníficas razones para reconciliarse con el universo del Sr. Chinarro. Hay más buenas canciones como ese Humor Amarillo que recuerda a Vainica Doble- y suenan como nunca; las letras son más comprensibles, pero siguen llenas de magníficos juegos de palabras y emociones escondidas. Al final, más allá del desconcierto inicial, este disco se coloca muy cerca de El por qué de mis peinados, la gran obra de Antonio Luque, aún no superada.
(Crítica para Ruta 66)

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